La argentina Marcela Iglesias, famosa a nivel internacional como la “Barbie humana”, volvió a generar impacto al revelar los tratamientos estéticos y experimentales a los que se somete para frenar el paso del tiempo. Radicada en Los Ángeles, asegura haber convertido su cuerpo en un “laboratorio viviente” y sostiene que su objetivo no es solo verse joven, sino ralentizar el envejecimiento a nivel celular.
Su recorrido en el mundo del biohacking incluye procedimientos de alto costo y poca difusión pública, como la transfusión de plasma joven extraído de su propio hijo. Iglesias describe el tratamiento —valuado en unos 15 mil dólares— como una forma de “vivir más y mejor”, y afirma que requiere una compatibilidad total con un donante más joven. La práctica, conocida como Multi Generation Plasma Transfusion, se suma a otras intervenciones como cirugías mamarias y futuras posibilidades de lifting facial.
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Además de estos métodos, Iglesias recurre a células madre de cordón umbilical, un tratamiento que, según detalla, pasó de costar 6 mil a 12 mil dólares en apenas cinco años. También se somete a inyecciones de grasa de donante fallecido, una técnica que en Los Ángeles —según sostiene— es habitual. La grasa procesada se utiliza para recuperar volumen en manos, piernas y rostro, con aplicaciones que rondan los 1.200 dólares por zona.
El miedo a envejecer es una motivación constante para Iglesias, quien calcula haber invertido cerca de 100 mil dólares en tratamientos. Su visión de la edad es tan flexible como su búsqueda estética: evita revelar cuántos años tiene y asegura que se percibe “ageless”, sin un número que la defina. Afirma que el espejo es su aliado y que se siente libre de modificar todo aquello que no encaja con la imagen que desea proyectar.
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Inspirada por figuras como el empresario Bryan Johnson y la actriz argentina Graciela Alfano, la “Barbie humana” insiste en que su aproximación extrema a la juventud es una elección personal. “Yo me miro y me gusto. Y si no me gusta algo, voy y lo cambio”, resume. Para ella, la clave no está solo en la apariencia externa, sino en mantener “las células jóvenes para siempre”, aun cuando el costo y los riesgos son cada vez mayores.
Fuente: Infobae.


