En lo profundo de una montaña suiza, en túneles fríos y estrechos que funcionaron como fortaleza militar durante la Segunda Guerra Mundial, se esconde Asclepios: la mayor iniciativa espacial estudiantil del mundo. Allí, jóvenes de distintas universidades recrean misiones lunares en condiciones extremas, en un entorno diseñado para imitar los desafíos físicos y psicológicos de vivir fuera de la Tierra. La experiencia es gratuita y convoca cada año a cientos de postulantes que buscan acercarse a la industria aeroespacial.
Las misiones se desarrollan en la antigua base de Sasso San Gottardo, un complejo de 3,5 kilómetros de túneles a 2000 metros de altura y a apenas 6 grados de temperatura constante. El aislamiento, la ausencia de luz solar y la ambientación similar a las cuevas de lava de la Luna apuntan a reproducir un hábitat donde la tripulación debe sobrevivir por más de dos semanas. Allí se entrenan en procedimientos de emergencia, psicología espacial, supervivencia y operaciones de exploración.
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La quinta misión, Asclepios V, reunió a nueve estudiantes que pasaron 16 días completamente aislados, con paseos simulados en la “superficie lunar” realizados únicamente de noche para investigar los efectos de la oscuridad prolongada. Los participantes llevaron a cabo experimentos científicos vinculados a ritmos circadianos, sueño, estrés y rendimiento físico, en colaboración con investigadores de Suiza, España y Australia.
Además del entrenamiento dentro de la base, los seleccionados atraviesan pruebas que incluyen caminatas nocturnas en los Alpes en pleno invierno, inmersiones en lagos congelados y vuelos parabólicos de gravedad cero. El objetivo, según sus organizadores, es ofrecer una experiencia realista del proceso hacia una misión espacial, especialmente para jóvenes que no pueden afrontar los costos de entrenamientos privados.
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Asclepios se consolidó como un semillero global para futuros profesionales del espacio. Sus responsables destacan que muchos participantes encuentran vocaciones definitivas durante la experiencia, desde la investigación en vuelos tripulados hasta el diseño de tecnologías para entornos extremos. Según la organización, los resultados de las misiones no solo apuntan al futuro lunar o marciano: también buscan aportar soluciones aplicables en la Tierra, en ámbitos como la salud, el trabajo nocturno y la gestión de recursos en climas hostiles.
Fuente: La Nación.


