Lilica, una perra mestiza de São Paulo, Brasil, se convirtió en un ejemplo de solidaridad y amor incondicional. Cada noche recorre 12 kilómetros entre caminos oscuros y zonas peligrosas para conseguir alimento no solo para ella, sino para los gatos, gallinas y otros perros con los que comparte un depósito de basura en São Carlos.
Abandonada de cachorra, Lilica fue adoptada por Neile Vânia Antônio, dueño del depósito, donde formó una peculiar familia de animales. La escasez de comida la llevó a aventurarse por la ciudad en busca de sustento, hasta que conoció a Lucía Helena de Souza, profesora y defensora de animales. Desde entonces, todas las noches, Lucía la espera con una bolsa de comida que Lilica lleva cuidadosamente en su hocico para compartir con sus compañeros.
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Lo más sorprendente es que la perra mantiene este hábito solidario incluso después de que sus propios cachorros fueron adoptados. “Nosotros como seres humanos apenas compartimos cosas con otros. Un intercambio entre animales es una lección para todos nosotros”, reflexionó Antônio. Lucía, por su parte, confesó que siente un compromiso inquebrantable: nunca falta a la cita, porque Lilica confía plenamente en ella.
Su historia, simple pero poderosa, se viralizó nuevamente en redes sociales y despertó una ola de ternura y admiración. “La solidaridad que le falta a los humanos la tienen los animales”; “Ojalá los humanos aprendieran más de los valores de los perritos”, fueron algunos de los comentarios que dejaron los usuarios al conocer el caso.
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Lilica demuestra que los lazos más fuertes no siempre son de sangre, sino de amor genuino. Cada noche, su recorrido de ida y vuelta, cargando comida para otros animales, es una lección de empatía que emociona y nos recuerda que la nobleza no tiene especie.
Fuente: La Nación.


