Sentirse agotado ante el desorden es más común de lo que parece. Muchas personas postergan ordenar porque asocian la tarea con horas de trabajo, pero un método práctico y rápido demuestra que no es necesario dedicar tanto tiempo para lograr un cambio visible.
El secreto está en dividir los ambientes en zonas y enfocarse únicamente en lo que se ve. Las superficies más expuestas —como mesas, mesadas o escritorios— suelen concentrar papeles, objetos sueltos y desorden visual. Al despejarlas primero, el entorno adquiere de inmediato un aspecto mucho más limpio y ordenado, aunque aún queden rincones por atender.
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La técnica es sencilla: tomar un canasto o una bolsa, colocar un temporizador y dedicar cinco minutos a retirar cualquier objeto que no pertenezca a ese lugar. No hace falta decidir en el momento qué hacer con ellos; la prioridad es despejar la vista rápidamente.
Con ese impulso inicial, es más fácil continuar con pequeñas acciones como guardar cosas en su sitio, sacudir el polvo o abrir ventanas para ventilar. En solo 10 minutos, el cambio se nota no solo en el espacio, sino también en el ánimo de quienes lo habitan.
Fuente: TyC Sports.
Imagen ilustrativa: Hola


