Un estudio internacional reveló que la leche de la foca gris del Atlántico Norte posee una complejidad única, con azúcares inéditos y funciones clave para la supervivencia de las crías en el océano.
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La creencia de que la leche materna humana es la más compleja del reino animal acaba de ser cuestionada por un hallazgo que sorprendió a la comunidad científica. Un equipo de investigadores europeos demostró que la leche de la foca gris del Atlántico Norte contiene una diversidad de azúcares muy superior a la de los seres humanos, con más de 240 moléculas distintas, muchas de ellas nunca antes registradas en la naturaleza. Los resultados fueron publicados en la revista Nature Communications y abren la puerta a nuevas investigaciones con potencial biomédico.
El trabajo estuvo liderado por Daniel Bojar, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), junto con especialistas de otras instituciones europeas. Para realizar el análisis, tomaron muestras de leche de cinco madres foca en Escocia, territorio donde habita esta especie marina. El objetivo era determinar si los oligosacáridos, los azúcares complejos que cumplen funciones claves en la inmunidad y el desarrollo intestinal, eran tan variados como en la leche humana o incluso más.
La investigación reveló que la leche de la foca posee una sorpresa inesperada: no solo contiene más tipos de azúcares que la humana, sino que algunos alcanzan un tamaño sin precedentes, con moléculas de hasta 28 unidades de azúcar, muy por encima de las 18 unidades máximas observadas en humanos. Además, cerca de dos tercios de estos compuestos eran completamente desconocidos para la ciencia.
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El análisis se realizó mediante espectrometría de masas, una técnica que permitió identificar la estructura de cada molécula con precisión. Con el avance de la lactancia —un proceso que dura apenas diecisiete días en las focas grises— los azúcares iban cambiando en composición y función, ajustándose a las necesidades fisiológicas de las crías en un ambiente hostil como el océano frío.
Los investigadores también utilizaron inteligencia artificial para interpretar cómo evolucionaban estos compuestos a lo largo de la lactancia. Descubrieron patrones que indican que ciertos azúcares aparecen justo en los momentos en que las crías más los requieren para fortalecer su sistema digestivo e inmunológico. Algunas de estas moléculas incluso fueron capaces de regular la respuesta de células inmunitarias humanas en laboratorio, lo que abre una vía de investigación sobre su posible aplicación médica.
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La presión ambiental, marcada por temperaturas extremas y altos niveles de exigencia energética, habría impulsado la evolución de una leche altamente sofisticada que permite a las crías desarrollarse rápidamente. Para el doctor Bojar, los resultados subrayan “el potencial biomédico sin explotar que se esconde en especies silvestres poco estudiadas”.
Aunque el estudio se realizó con un número reducido de animales y aún no se conocen los efectos a largo plazo de estos azúcares en humanos, el equipo ya anticipó que su trabajo continuará: actualmente almacenan leche de otras 20 especies de mamíferos para futuros análisis. El hallazgo, remarcan los investigadores, es una puerta abierta a un universo químico que recién comienza a explorarse.
Fuente y foto: Infobae


