El Gobierno ajustó la Ley de Etiquetado Frontal, permitiendo que varios productos reduzcan o eliminen sellos de advertencia. La implementación comenzará en febrero de 2025.
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A finales de diciembre, el Gobierno nacional anunció modificaciones al sistema de etiquetado frontal de alimentos, que desde 2022 identifica con octógonos negros los productos con exceso de nutrientes críticos como azúcar, grasas o sodio. Estas modificaciones flexibilizan las normas, permitiendo que numerosos productos reduzcan o eliminen sellos de advertencia, al tiempo que podrán resaltar beneficios nutricionales.
El cambio principal radica en que ahora solo se contabilizarán los nutrientes añadidos durante el proceso de elaboración, excluyendo aquellos intrínsecos al alimento. Por ejemplo, el azúcar natural de las frutas ya no será considerado al evaluar mermeladas. Además, los productos podrán destacar beneficios nutricionales adicionales, como el contenido de calcio en quesos, algo que antes estaba prohibido si llevaban sellos de advertencia.
La transición no será inmediata, ya que las empresas irán actualizando los envases a medida que agoten sus inventarios. Se estima que los productos con menos sellos comenzarán a aparecer en las góndolas entre febrero y abril de 2025.
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Categorías como quesos, yogures, mermeladas y barras de frutos secos serán algunas de las más beneficiadas. Por ejemplo, los quesos que antes llevaban sellos por grasas podrán eliminarlos al considerar estas como intrínsecas de la leche, mientras que los yogures con edulcorantes en lugar de azúcar también perderán sellos y podrán resaltar sus aportes de calcio.
El sello de «exceso de calorías» solo se aplicará si el producto supera las 275 kcal por cada 100 gramos y, además, lleva sellos por azúcar, grasas totales o saturadas. Esto podría dejar fuera de la advertencia a alimentos calóricos que no presenten otros nutrientes críticos en exceso.
Si bien los cambios buscan armonizar las regulaciones locales con estándares internacionales, también generan interrogantes sobre su impacto en la salud pública. Con menos sellos en las etiquetas, los consumidores tendrán mayor responsabilidad a la hora de interpretar la información nutricional, lo que podría incidir en las decisiones alimentarias.
Fuente: Ámbito Financiero
Foto: Archivo


