El ingeniero agrónomo Gerardo Finster, dialogó con Radio 3 y explicó que el fenómeno es consecuencia directa de políticas forestales aplicadas décadas atrás sin evaluar su impacto sobre los ecosistemas nativos.
El ingeniero agrónomo Gerardo Finster, en dialogó con Radio 3, explicó que el fenómeno es consecuencia directa de políticas forestales aplicadas décadas atrás sin evaluar su impacto sobre los ecosistemas nativos.
Finster recordó que la introducción masiva de pinos comenzó en los años 60 como una política de Estado orientada a la producción de madera. “Cuando se introduce una especie sin estudios previos, se corre el riesgo de que desplace al bosque nativo, y eso es exactamente lo que pasó acá”, señaló, al tiempo que remarcó que hoy se pagan las consecuencias de aquellas decisiones.
El especialista detalló que, tras los incendios, el pino se reproduce con mayor rapidez debido a su condición de especie serótina. “Hay conos que permanecen cerrados durante años y solo se abren con el fuego. Eso genera una liberación masiva de semillas en un suelo fertilizado por la ceniza”, explicó Finster, quien afirmó que por eso, en pocas temporadas, las áreas quemadas se cubren completamente de renovales.
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Respecto a los intentos de erradicación, recordó la experiencia en Puerto Patriada, donde se realizaron trabajos comunitarios para arrancar los pinos. “Cuando se los arranca, el pino no vuelve, pero es una metodología que requiere una cantidad de mano de obra enorme. Es una tarea titánica”, sostuvo, y aclaró que no existen químicos ni animales que permitan controlar naturalmente la regeneración.
Finster remarcó que la única alternativa viable es un plan sostenido en el tiempo. “No sirven los impulsos aislados. Esto debe encararse como un proyecto a largo plazo, con inversión constante y decisión política durante al menos 20 años”, afirmó, advirtiendo que sin continuidad no habrá solución posible para frenar el avance sobre el bosque nativo.
Finalmente, el ingeniero vinculó el problema con el futuro turístico de la región. “La Patagonia vive del paisaje y de la naturaleza. Si no se cuida este recurso, otras zonas van a ocupar ese lugar”, alertó. Y concluyó: “Lamento no poder decir que hay una solución simple. Hay metodologías, pero todo depende de la voluntad política de sostener el esfuerzo en el tiempo”.


