Durante la última dictadura militar en Argentina, el cine fue uno de los sectores más afectados por la censura y la intervención estatal. Sin embargo, incluso en ese contexto, algunas producciones lograron sortear los controles y reflejar, de forma indirecta, el clima de represión y violencia.
Entre esas obras se destacan títulos como La isla, Señora de nadie y Tiempo de revancha, que utilizaron metáforas, dobles sentidos y elementos simbólicos para esquivar la censura y cuestionar la realidad política de la época.
También sobresalieron films como Plata dulce, que retrató el impacto de la política económica del régimen, y Últimos días de la víctima, donde ciertos detalles visuales dejaban entrever referencias a la represión clandestina. Estas producciones lograron interpelar al público en medio de un contexto restrictivo.
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Con el retorno de la democracia en 1983, el cine argentino inició una etapa de mayor libertad expresiva. Películas como La historia oficial, ganadora del Oscar, y La noche de los lápices abordaron de manera directa los crímenes del terrorismo de Estado y consolidaron una narrativa basada en la memoria, la verdad y la justicia.
A lo largo de las décadas siguientes, nuevas producciones continuaron explorando ese período desde múltiples miradas, como Garage Olimpo, Crónica de una fuga y Argentina, 1985. Estas obras reflejan tanto el horror vivido como los procesos judiciales posteriores.
El cine argentino, así, se consolidó como una herramienta clave para reconstruir la memoria colectiva. Desde las metáforas de la censura hasta los relatos abiertos en democracia, las películas continúan aportando nuevas perspectivas sobre uno de los períodos más oscuros de la historia del país.
FUENTE: Ámbito Financiero.


