Samay, una pichona nacida en incubadora, será liberada en la Patagonia gracias a un programa que busca recuperar a la especie más emblemática de Sudamérica.
Samay nació hace apenas una semana en el Ecoparque de Buenos Aires, luego de dos meses de incubación artificial. Desde su pequeño nido con vidrio espejado, recibe alimento a través de un títere de látex que imita a sus padres biológicos, evitando todo contacto humano para asegurar su adaptación futura a la vida silvestre. Si todo avanza según lo previsto, volará el próximo año sobre Sierra Pailemán, en Río Negro, donde el cóndor andino estuvo extinguido de forma local durante más de un siglo.
La pichona forma parte del Programa de Conservación del Cóndor Andino, que ya lleva 34 años de trabajo y más de ochenta crías nacidas. El equipo aplica técnicas de incubación y crianza artificial para reforzar una especie catalogada como vulnerable por la UICN, con menos de 6.700 adultos estimados en Sudamérica. El documento firmado este año en el Quinto Congreso Internacional del Cóndor Andino alertó sobre el declive poblacional y la situación crítica en regiones del norte, donde podrían quedar apenas 340 ejemplares.
La crianza en aislamiento es esencial para evitar que los animales se familiaricen con las personas, lo que impediría su reinserción en la naturaleza. El Ecoparque opera como centro de conservación: allí se incuban huevos, se rehabilitan ejemplares rescatados y se realiza seguimiento de buitres con nula capacidad de vuelo. La técnica de retiro del primer huevo, incubado de forma artificial mientras el segundo queda a cargo de los padres, permite aumentar el número de nacimientos por temporada.
MIRÁ TAMBIÉN | Crean una fórmula para restaurar rápidamente documentos sonoros analógicos
Las amenazas para el cóndor continúan siendo graves. El uso de cebos tóxicos sigue siendo la principal causa de muerte, junto con la intoxicación por plomo proveniente de animales cazados, además de riesgos como tendidos eléctricos, minería y reducción de hábitats. En los últimos años se registraron mortandades masivas en Argentina, Bolivia, Perú y Chile, con más de 30 cóndores muertos en un solo evento. “Cae lo que cae”, lamentan las especialistas, preocupadas por el impacto de los agrotóxicos y la falta de controles.
Cuando los jóvenes están listos, los liberan en Sierra Pailemán con bandas alares y transmisores satelitales. Esa tecnología permitió crear decenas de miles de kilómetros cuadrados de áreas protegidas y establecer rutas seguras para la especie. Más de 70 cóndores sin experiencia de vuelo fueron liberados allí y al menos 20 ya formaron pareja y tuvieron crías en vida silvestre, mientras las comunidades originarias realizan ceremonias para acompañar cada nacimiento y reinserción.
Pese a los avances, quienes trabajan en el programa admiten que el escenario es desafiante. El veneno, la caza y los nuevos campos eólicos plantean riesgos crecientes. Aun así, cada nacimiento refuerza la esperanza. “La pregunta sería cuánto podemos restar del impacto negativo que hace el humano con nuestro trabajo”, expresan desde el equipo, decidido a que Samay y otros cóndores sigan regresando al cielo.
Con información de WIRED.
Foto: Geraldine Castro.


