Apartarse del alcohol durante un mes puede ser más transformador de lo que parece. Un nuevo análisis científico de la Universidad de Buffalo y la Universidad Brown reveló que quienes se abstienen de beber durante 30 días experimentan mejoras visibles en su salud física y mental, incluso si no vuelven a la abstinencia total después.
La investigación, publicada por Women’s Health, revisó 16 estudios previos y halló que reducir o suspender el consumo de alcohol genera efectos positivos en la energía, la concentración, el peso corporal y el estado de ánimo. Además, se observó una baja en la presión arterial, una mejor función hepática y una mayor sensibilidad a la insulina, lo que reduce el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión.
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El perfil de los participantes incluyó principalmente a mujeres jóvenes con estudios universitarios y hábitos de consumo por encima del promedio. Durante el período de abstinencia, muchos notaron un descanso más profundo y una notable reducción de la ansiedad. Los expertos explican que el alcohol interrumpe las fases del sueño profundo y actúa como un depresor del sistema nervioso, por lo que dejarlo ayuda a estabilizar el ánimo y recuperar claridad mental.
La doctora Megan Strowger, autora principal del estudio, destacó que “incluso una pausa breve brinda una oportunidad de autorreflexión sobre el consumo”. Los resultados mostraron que seis meses después, la mayoría de los participantes mantenía una reducción sostenida en la cantidad de alcohol ingerida y una mejor relación con la bebida.
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Los especialistas coinciden en que no es necesario eliminar completamente el alcohol para notar los beneficios: disminuir la frecuencia y cantidad también genera cambios positivos. Pequeños pasos —como limitar su consumo a ocasiones especiales o participar en iniciativas como “Enero Seco”— pueden mejorar la salud cardiovascular, el bienestar emocional y la calidad de vida en general.
Fuente: Infobae.


