La presente temporada de ballenas registra un aumento en la mortalidad de crías de ballena franca austral en las costas de Puerto Madryn y Península Valdés. Si bien todavía no se puede establecer una cifra definitiva porque la temporada se encuentra en desarrollo, los registros actuales se encuentran por encima de los valores habituales.
Mariano Coscarella, investigador del CENPAT, explicó que el monitoreo se realiza todos los años a través de distintos equipos científicos, guardafaunas y voluntarios que registran tanto el número de ejemplares como los animales que aparecen muertos.
“Este año, en comparación con otros años, la cantidad de crías muertas está un poco más elevada”, señaló el investigador, quien aclaró que todavía se están recopilando datos y que el número final podría modificarse antes del cierre de la temporada.
Los equipos vinculados al Programa de Monitoreo Sanitario y organismos provinciales ya tomaron muestras de algunos ejemplares para intentar determinar las causas de las muertes. Sin embargo, Coscarella remarcó que no todas las muestras pueden ser analizadas, debido al avanzado estado de descomposición con el que algunos animales llegan a las costas.
Entre los primeros resultados obtenidos, se detectó una bacteria en lesiones cutáneas de algunas crías. Según explicó Coscarella, veterinarios que participan de los estudios observaron heridas compatibles con erisipela.
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“Las muestras de laboratorio, como los análisis preliminares, han detectado esta bacteria en las lesiones cutáneas”, indicó. De todos modos, aclaró que todavía faltan estudios patológicos para determinar si la infección avanzó a los tejidos y pudo provocar una septicemia que derivara en la muerte de los animales.
El investigador también señaló que por el momento no existen indicios firmes de un problema ambiental agudo que explique el fenómeno. “No tenemos un indicio fuerte de que haya algún problema agudo en el ambiente, pero son todas cosas que aún se están investigando”, sostuvo.
Coscarella explicó que todavía es prematuro determinar cuál será el impacto de esta mortalidad sobre la población de ballenas francas de Península Valdés.
“Hasta que no se termine la temporada probablemente no haya un número exacto de muertes y recién ahí vamos a poder hacer los cálculos finales y cómo esta mortalidad puede llegar a impactar en la población en los años siguientes”, afirmó.
A su vez, remarcó que una temporada con una mortalidad elevada de crías no necesariamente implica, por sí sola, un problema de conservación para toda la población.
“Si esto es un evento puntual, puede ser que no tengamos un problema serio de conservación. Ahora, si esto se continúa en el tiempo y se registran mortalidades altas a lo largo de las próximas temporadas, ahí ya la cosa puede cambiar”, explicó.
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Hasta el momento, el aumento se concentra principalmente en las crías nacidas durante esta temporada, mientras que la mortalidad de ejemplares adultos se mantiene dentro de parámetros similares a los de otros años.
El seguimiento de las ballenas francas en Península Valdés se sostiene mediante distintos programas científicos que trabajan durante todo el año. Entre ellos se encuentran los estudios de dinámica poblacional, monitoreo sanitario, fotoidentificación, seguimiento de varamientos y rastreo satelital.
“Estos son programas de muy largo plazo”, destacó Coscarella, y explicó que algunos llevan más de dos décadas de funcionamiento.
La información obtenida por estos equipos permite analizar la evolución de la población a lo largo del tiempo y comprender sus patrones de reproducción, desplazamiento y mortalidad.
“Entender qué es lo que sucede mirando solamente un año es imposible”, sostuvo el investigador, quien remarcó que el seguimiento prolongado permite diferenciar entre un episodio puntual y cambios que puedan mantenerse durante varias temporadas.


