El número de muertos por el fuerte terremoto que sacudió Myanmar el pasado viernes ha superado las 2.000 víctimas, según informó la prensa estatal.
El sismo, de magnitud 7,7, causó el colapso de mezquitas y monasterios, dejando cientos de personas atrapadas entre los escombros. Organismos internacionales advierten que la tragedia podría agravar la ya crítica situación del país, golpeado por la guerra civil y la escasez de alimentos.
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El epicentro del terremoto se ubicó cerca de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar. Además de las muertes, el desastre ha dejado a miles de heridos y ha destruido carreteras, puentes y hospitales. Las dificultades para acceder a las zonas afectadas han complicado las tareas de rescate, ya que las telecomunicaciones están interrumpidas y la falta de maquinaria pesada retrasa la búsqueda de sobrevivientes.
Los grupos de ayuda han advertido que la tragedia aumentará la inseguridad alimentaria y la propagación de enfermedades. Naciones Unidas ha solicitado acceso sin restricciones para la asistencia humanitaria, dado que más de 20 millones de personas ya requerían ayuda antes del desastre. La llegada de la temporada de lluvias monzónicas en mayo podría empeorar la situación de quienes han quedado sin hogar.
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Países vecinos, como China, India y Rusia, han enviado equipos de rescate y asistencia financiera. La Unión Europea, Australia y Corea del Sur también han anunciado aportes millonarios. Sin embargo, la crisis política en Myanmar representa un desafío para la distribución de la ayuda, ya que muchas regiones son inaccesibles debido a la guerra civil.
Las autoridades continúan con las tareas de rescate y la identificación de víctimas, mientras la comunidad internacional alerta sobre la gravedad de la crisis. La devastación del terremoto ha sumido a Myanmar en una emergencia sin precedentes, con un panorama incierto para millones de personas afectadas.
Fuente: AP.
Foto: Thein Zaw – AP.


