En pleno desierto de Kazajistán, la montaña Bokty se eleva 165 metros y sorprende con sus capas multicolores que combinan historia geológica y atractivo turístico. Situada a más de 90 kilómetros de Zhanaozen, esta formación revela el pasado de la región, que estuvo sumergida bajo el desaparecido mar de Tetis durante millones de años.
Los sedimentos que componen Bokty incluyen tiza y caliza, así como restos fósiles de organismos marinos y dientes de tiburón, confirmando su origen oceánico. La disposición de los estratos y la diversidad cromática —blancos, ocres, rojos y verdes— reflejan antiguos fondos marinos y ciclos de erosión que moldearon la montaña a lo largo de la era Mesozoica.
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El nombre “Bokty” significa “pastel” en kazajo, haciendo referencia a su aspecto en capas. Desde ciertos ángulos, la montaña asemeja un barco volcado. Su cara sur exhibe tonos claros en la base y verdes en la cima, mientras que se levanta sobre un “sor”, antigua marisma salada, rodeada por otras formaciones como la colina Golbanshe y las arenas de Tuiesu.
La montaña forma parte de la Reserva Histórica y Cultural Estatal de Mangystau, que incluye sitios naturales y espirituales de gran valor, como la mezquita subterránea de Beket-Ata y los valles calcáreos de Boszhira. Su entorno protegido atrae a fotógrafos, exploradores y viajeros que buscan experiencias en paisajes poco transitados, aunque acceder a la zona requiere recorrer caminos sin asfaltar y organizar viajes privados.
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Bokty representa un símbolo natural y científico de Kazajistán. Su riqueza geológica, la presencia de fósiles marinos y la belleza de su paisaje multicolor la convierten en un destino que combina turismo, historia y estudio científico, destacando la importancia de preservar ecosistemas áridos y valiosos para la comprensión de la evolución de la Tierra.
Fuente: Infobae.


