Malvicino fue arreglador y director, escribió para obras musicales en televisión, fabricó jingles, musicalizó películas y acompañó a conjuntos de ritmos diversos y de tango. Si bien lo suyo fue el jazz, la llegada de Astor Piazzolla a su vida cambió su destino, aunque eso impidió abandonara su pasión por este género, ni dejara de tocarlo.
El bandoneonista y compositor de “Libertango” conoció a «Malveta», como él lo llamaba en 1955, y le propuso integrar su octeto junto a Enrique Francini, José Bragato, Hugo Baralis, Roberto Pansera —pronto reemplazado por Leopoldo Federico—, Atilio Stampone y Aldo Nicolini —luego reemplazado por Juan Vasallo— y el propio Astor.
“Malveta” lo acompañó en el innovador uso de la guitarra de jazz en el tango y fue parte del Octeto Buenos Aires, el Quinteto, el Conjunto Electrónico y su último grupo, el Sexteto.
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El guitarrista tuvo sus primer contacto con al tango cuando tenía 16 años, en Concordia, su ciudad natal, tiempos en los que tocó con el bandoneonista Alberto Caracciolo y el guitarrista Héctor Besada. Luego, formaron un conjunto para actuar en Buenos Aires en Radio Splendid, pero en este caso tocando música hawaiana. Caracciolo tocaba el órgano y escribía los arreglos.
El músico fue presidente de la Asociación Argentina de Intérpretes (Aadi), y en 2018 fue nombrado Personalidad Destacada de la Cultura en la Ciudad de Buenos Aires por su trayectoria musical y su desempeño en la defensa de los derechos de los músicos, en tanto, en 2022 recibió el Premio Tagini a la trayectoria fonográfica, otorgado por la Academia Nacional de Tango.
Malvicino fue director musical de la discográfica RCA y orquestador de éxitos populares, y dejó un enorme legado en cultura argentina.
Fuente: Télam


