Tenía 85 años y falleció en Necochea. Fue uno de los creadores de la emblemática marca nacida en Villa Gesell en 1968 y símbolo de la gastronomía de la Costa Atlántica.
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La gastronomía popular argentina y el turismo de la Costa Atlántica despiden a uno de sus grandes protagonistas. Juan Carlos “Cacho” Elías, cofundador de la tradicional cadena de churrerías El Topo, falleció este fin de semana a los 85 años en la ciudad de Necochea.
La noticia fue confirmada por la propia empresa a través de un emotivo comunicado difundido en redes sociales. Allí recordaron al emprendedor como “el de las ideas locas, el carismático, un trabajador incansable”, en un mensaje que rápidamente se llenó de comentarios de clientes y vecinos que crecieron con el sabor de sus churros.
Desde la firma anunciaron además que, en señal de duelo, la tradicional “madriguera” de la calle 83 en Necochea permanecerá cerrada por el resto del verano.
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La historia de Elías y su socio Hugo Navarro —fallecido años atrás— comenzó en Buenos Aires durante la década del 60. Unidos por la pasión por las motocicletas, trabajaban como repartidores exprés de rollos de películas para cines porteños. Dos graves accidentes bajo la lluvia marcaron el final de esa etapa y el inicio de un nuevo camino.
Tras un intento fallido con un local en el barrio de Belgrano, decidieron apostar por un incipiente destino turístico que empezaba a crecer con fuerza entre jóvenes y artistas: Villa Gesell. En octubre de 1967 llegaron al balneario y reacondicionaron un pequeño local sobre la avenida principal. Abrieron sus puertas en el verano de 1968.
El nombre “El Topo”, con su característica tipografía invertida, fue sugerido por un filetero local inspirado en el popular personaje televisivo Topo Gigio. El detalle se convirtió en una marca registrada que llamó la atención de turistas y curiosos.
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El éxito fue inmediato. Desde la madrugada, cuando los jóvenes regresaban de los fogones en la playa, Elías y Navarro ya estaban friendo churros para una clientela que crecía cada temporada.
Pero fue una idea audaz la que transformó el emprendimiento en leyenda: ofrecer churros salados rellenos de queso roquefort. En una época en la que predominaban las versiones dulces tradicionales, la propuesta rompió con las reglas de la repostería clásica y se convirtió en un sello distintivo.
Con esa impronta innovadora, “Cacho” Elías ayudó a consolidar una marca que trascendió generaciones y se expandió por distintos puntos de la Costa Atlántica, convirtiéndose en parte inseparable de las vacaciones argentinas.
Hoy, la empresa continúa en manos de sus herederos, manteniendo el espíritu original de aquellas primeras madrugadas en Villa Gesell. La partida de su fundador deja un vacío en la comunidad, pero también un legado gastronómico que forma parte de la identidad turística del país.
Fuente y foto: Noticias Argentinas


