A pesar del alto el fuego acordado esta semana, la violencia continúa en Sweida, al suroeste de Siria, donde grupos drusos resisten los ataques de combatientes beduinos y tribales apoyados por las autoridades sirias. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), los choques han dejado casi 600 muertos, en medio de una crisis humanitaria que afecta a miles de personas.
El OSDH y líderes drusos acusaron al Gobierno sirio de apoyar a los beduinos y de cometer abusos durante su intervención en la región. “No hay agua, no hay comida, no hay pan, no hay electricidad, no hay medicina. Mi mamá no tiene medicina. Yo no sé lo que pasó con ellos”, relató Carmelinda Rouslán, habitante de Sweida, a la cadena RFI. En la localidad drusa de Walgha, testigos describieron casas y vehículos quemados tras los ataques tribales.
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Combatientes sunitas provenientes de otras regiones se sumaron a los enfrentamientos en apoyo a los beduinos. Uno de los líderes tribales, Anas Al-Enad, confirmó que llegó desde Hama con sus hombres “en respuesta a las peticiones de ayuda de los beduinos”. Por su parte, el presidente interino sirio, Ahmed al-Sharaa, insistió en evitar una “guerra abierta” con Israel, que anunció que enviaría ayuda a la comunidad drusa.
El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí informó que transferirá alimentos y suministros médicos por dos millones de shekel (unos 600.000 dólares) para asistir a la población drusa. Además, Israel permitirá la entrada limitada de fuerzas de seguridad sirias durante 48 horas para restablecer el orden, aunque a principios de semana bombardeó posiciones del ejército sirio en Sweida y Damasco como presión para su retirada.
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En tanto, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) pidió una investigación sobre las muertes y violaciones de derechos humanos en la región. “Las autoridades sirias deben garantizar la rendición de cuentas y la justicia”, señaló el organismo en un comunicado.


