Un estudio con georradar detectó una anomalía en el patio de la vivienda de Coghlan donde hace un año encontraron restos óseos del adolescente desaparecido en 1984. La fiscalía busca profundizar la investigación por homicidio.
La investigación por el crimen de Diego Fernández Lima sumó un nuevo capítulo tras un peritaje realizado con georradar en la casa del barrio porteño de Coghlan donde el año pasado fueron hallados restos óseos del joven desaparecido hace más de cuatro décadas.
El estudio fue realizado por especialistas de Gendarmería Nacional en una propiedad ubicada sobre avenida Congreso al 3700. Según el informe técnico, se detectó una anomalía geofísica en un sector lindero a la medianera derecha del terreno, por lo que recomendaron efectuar nuevas excavaciones controladas.
La medida fue impulsada por la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°61, encabezada por el fiscal Martín López Perrando, con el objetivo de encontrar posibles restos faltantes u otros elementos relevantes para esclarecer el caso.
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De las tareas participaron integrantes de la División Prospección Geofísica de Gendarmería, miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense, efectivos de la Policía de la Ciudad y representantes de la fiscalía. El procedimiento se desarrolló el pasado 4 de mayo.
La nueva búsqueda se da en el marco de la reapertura de la causa, luego de que la Cámara Nacional de Apelaciones revocara el sobreseimiento del único imputado, identificado como N.C.G. Los jueces consideraron que la investigación debía enfocarse directamente en la hipótesis de homicidio y no limitarse al encubrimiento.
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En una apelación previa, el fiscal López Perrando sostuvo que Diego Fernández fue asesinado con un elemento cortopunzante y que posteriormente intentaron desmembrar el cuerpo para ocultarlo en el fondo de la vivienda donde residía el sospechoso desde los años ‘70.
Diego, conocido como “el Gaita”, tenía 16 años cuando desapareció el 26 de julio de 1984. Había salido de su casa para visitar a un amigo, pero nunca llegó a destino. Su desaparición fue denunciada esa misma noche y durante décadas su familia impulsó una intensa búsqueda.
Los restos del adolescente fueron encontrados en mayo de 2025 cuando obreros realizaban trabajos en una medianera de una vivienda vecina. Junto a los huesos aparecieron objetos como una corbata escolar, un reloj calculadora y una moneda japonesa. Un análisis genético confirmó posteriormente que pertenecían a Diego Fernández Lima.



