Investigadores descubrieron que los cerebros de los observadores de aves expertos están mejor organizados y muestran menor deterioro relacionado con la edad. El método se usa cada vez más como terapia para pacientes con demencia.
Investigadores de la Academia Baycrest de Toronto descubrieron que la observación de aves puede remodelar el cerebro y frenar el deterioro cognitivo relacionado con la edad, de manera similar a aprender un instrumento musical o un deporte. Los cerebros de los observadores de aves expertos mostraron mayor organización y coherencia en regiones vinculadas a la atención, la percepción visual y el reconocimiento, comparados con novatos de la misma edad.
Erik Wing, quien lideró la investigación, encontró que estas regiones cerebrales también mostraban mayor actividad cuando los expertos identificaban especies desconocidas. El hallazgo sugiere que la práctica sostenida podría generar neuroplasticidad: la capacidad del cerebro de cambiar de forma y función con el tiempo. “Adquirir esta habilidad en etapas más tempranas podría producir beneficios que continúen hasta la vejez”, dijo Wing.
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Los beneficios van más allá del cerebro. Un estudio en 65 hogares de ancianos en Alemania, liderado por la profesora Elisabeth Kals, mostró que residentes que observaban aves desde las ventanas mejoraron su agilidad cognitiva, su capacidad de mantener conversaciones y su bienestar general en pocas semanas. Los resultados fueron tan positivos que compañías de seguros de salud alemanas invirtieron en la instalación de comederos en más de 400 hogares en Baviera.
En Estados Unidos, el programa Bird Tales lleva desde 2013 incorporando la observación de aves como terapia para personas con demencia en comunidades asistenciales de Connecticut, Texas y Colorado, con resultados cognitivos y emocionales positivos.
Con información de BBC.


