El segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota salió el 4 de octubre de 1986 y sigue siendo una pieza central del rock nacional. Su legado llega a la fecha atravesado por la reciente muerte del cantante.
Este domingo 4 de octubre se cumplen cuatro décadas de la salida de «Oktubre», el segundo álbum de estudio de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El disco es uno de los más influyentes de la banda y de la historia del rock argentino.
El aniversario llega en un contexto particular: es el primero con cifra redonda desde la muerte de Carlos «Indio» Solari, ocurrida hace pocos meses. El cantante integraba, junto a Skay Beilinson y Carmen «la Negra» Poli, el trío central del grupo, y su ausencia vuelve a poner el foco sobre una obra que sigue vigente.
Para entender el salto que implicó, hay que mirar el año anterior. En 1985 la banda había debutado en disco con «Gulp!», un trabajo circense y luminoso, en sintonía con el clima de la primavera democrática. Poco después, la dupla compositiva percibió que el país y el mundo se volvían más densos y decidió dar un paso técnico y conceptual.
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Ese paso se dio en los Estudios Panda, en el barrio porteño de Floresta, con Osvaldo Costa como ingeniero de sonido. En esas sesiones participaron Skay Beilinson y Tito Fargo en guitarras, Semilla Bucciarelli en bajo, Willy Crook en saxo y Claudio «Piojo» Ábalos en batería, además de Solari en la voz. Se sumaron la percusión electrónica de Claudio Fernández y los teclados y secuenciadores de Daniel Melero. El uso intensivo de la cámara de reverberación sobre la voz y las guitarras dio un sonido frío y espacial, que acompañaba el clima del álbum.
Las nueve canciones funcionaron como retrato de una época marcada por la tensión de la Guerra Fría y por las primeras grietas del entusiasmo democrático local, con inflación y presión militar de fondo. «Preso en mi ciudad» mostró la paranoia urbana; «Música para pastillas», el avance de los fármacos como anestesia; y «Divina TV Führer», la manipulación mediática. En el centro del disco apareció «Ji ji ji», que con los años se volvió el momento culminante de los recitales y origen del llamado «pogo más grande del mundo».
«Es un poco la paranoia de la droga», explicó el Indio sobre «Ji ji ji» en una entrevista con Rolling Stone.
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La presentación fue con dos shows en Paladium, el 18 y el 25 de octubre de 1986. Tras la salida del álbum, Fargo y Ábalos dejaron el grupo y, al año siguiente, también Crook. Con la llegada de Walter Sidotti en batería y Sergio Dawi en saxo se armó la formación que sería la definitiva.
El costado visual fue igual de determinante. La tapa, obra de Ricardo Cohen (Rocambole), se inspiró en las vanguardias rusas, el constructivismo soviético y la estética de Serguéi Eisenstein. La edición original en vinilo tenía una portada desplegable e incluía la silueta del Che Guevara y la Catedral de La Plata en llamas. «Parece la tapa de un libro anarquista», definió el diseñador, que contó que todo se hizo de manera artesanal por falta de recursos.
Cuarenta años después, el legado de «Oktubre» excede lo musical: sus frases aparecen en grafitis del conurbano, sus imágenes en remeras y tatuajes, y sus colores en banderas de tribunas, marchas y protestas estudiantiles. Para muchos fanáticos, el disco no suena a pieza de museo sino a una obra que sigue hablando del presente.
Con información de Ámbito.


