En el corazón del barrio de Monserrat, una joya del Art Nouveau deslumbra con esculturas mitológicas, simbolismo esotérico y una historia que conecta a la ciudad con la arquitectura de Nueva York.
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En una de las esquinas más transitadas del barrio de Monserrat, sobre Avenida Belgrano y Perú, se levanta uno de los edificios más enigmáticos de la Ciudad de Buenos Aires: el Otto Wulff, conocido popularmente como el edificio de los 680 ojos. Aunque durante años pasó desapercibido, hoy es considerado una de las obras arquitectónicas más intrigantes del patrimonio porteño.
Construido entre 1912 y 1914 por encargo del empresario danés Otto Wulff, esta imponente estructura de 60 metros de altura y diez pisos fue uno de los primeros edificios de hormigón armado a gran escala en el país. Diseñado por el arquitecto noruego Morten Ronnow, el edificio se alinea con el estilo Art Nouveau —o Jugendstil en su variante alemana— y sorprende con una fachada cargada de simbolismo.
Lo que más llama la atención de este edificio son sus 340 rostros esculpidos, distribuidos en balcones, columnas, arcos y molduras. Cada rostro tiene dos ojos, lo que le otorga su apodo: los 680 ojos que vigilan Buenos Aires. Las esculturas incluyen criaturas mitológicas, dragones, águilas bicéfalas y figuras inspiradas en la mitología nórdica y en el nacionalismo escandinavo. Para algunos, estos elementos poseen significados ocultos, y no falta quien asocie el edificio con simbolismo esotérico.
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La construcción se erige en el terreno donde antes existía una casona colonial que albergó al prócer Manuel Belgrano. Con el paso del tiempo, el edificio fue sometido a distintos procesos de restauración como parte de los esfuerzos por preservar el patrimonio histórico de la ciudad. En las últimas décadas, adquirió mayor notoriedad como atractivo turístico, capturando la atención de curiosos, arquitectos y fanáticos del arte urbano.
Además de su valor estético, el edificio Otto Wulff comparte inspiración con el desaparecido Singer Building de Nueva York, que fue el rascacielos más alto del mundo entre 1908 y 1909. Aquel edificio estadounidense fue demolido en 1968, pero su legado arquitectónico sobrevive en Buenos Aires a través de esta joya urbana que combina modernidad, historia y misticismo.
Hoy, el Otto Wulff alberga oficinas y locales comerciales, pero su mayor tesoro está en la fachada que custodia desde las alturas. Una postal única que invita a mirar hacia arriba, donde decenas de ojos parecen observar cada paso de los peatones que recorren la ciudad.
Fuente y foto: TN


