A 105 años del nacimiento de Astor Piazzolla, el legado del compositor y bandoneonista vuelve a ocupar un lugar central en la historia cultural argentina. Su obra marcó un antes y un después en el tango al incorporar influencias de la música clásica, el jazz y nuevas formas de experimentación sonora.
Nacido el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata, pasó parte de su infancia en Nueva York, donde recibió su primer bandoneón. En esa ciudad comenzó su formación musical y entró en contacto con géneros que más tarde influirían en su estilo.
De regreso en Argentina inició su carrera profesional dentro del mundo del tango y se integró a la orquesta de Aníbal Troilo. Allí se destacó como bandoneonista y arreglador, consolidando su reputación dentro de la escena musical.
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Un punto decisivo en su trayectoria llegó en 1954, cuando viajó a París para estudiar con la compositora Nadia Boulanger. Fue ella quien lo impulsó a profundizar su identidad artística y a desarrollar el estilo que luego sería conocido como “tango nuevo”.
Con obras como Adiós Nonino, Libertango y Balada para un loco, Piazzolla redefinió el género y lo proyectó a los escenarios internacionales. Aunque su propuesta generó resistencias en sectores más tradicionales del tango, con el tiempo su música se convirtió en un símbolo de innovación y proyección global.
Con información de argentina.gob.ar


