Expertos advierten que la IA reúne todos los factores que históricamente anticiparon colapsos financieros en la industria tecnológica: inversión desmedida, narrativa de futuro ilimitado y alta incertidumbre.
La explosión de la inteligencia artificial desde la llegada de ChatGPT en 2022 desató una ola global de inversión y expectativa que muchos analistas ya califican como una “burbuja”. No solo por la escalada de valuaciones —con Nvidia superando los 4 billones de dólares— sino porque el fenómeno reproduce patrones históricos de otras crisis tecnológicas, desde la radio en 1929 hasta la burbuja puntocom.
El marco más citado para evaluar el fenómeno proviene de los economistas Brent Goldfarb y David Kirsch, quienes estudiaron más de 50 innovaciones para detectar cuándo una tecnología deriva en una burbuja. Según su modelo, la IA marca los cuatro puntos críticos: alta incertidumbre, empresas “pure play”, llegada masiva de inversionistas novatos y una narrativa de transformación total de la sociedad.
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La incertidumbre es el eje central: a casi tres años del boom, las grandes empresas de IA aún no demostraron modelos de negocio rentables. Los costos de operación siguen superando los ingresos y el uso masivo todavía no garantiza beneficios medibles. Un reciente estudio del MIT reveló que el 95% de las compañías que adoptaron IA generativa no lograron retornos reales.
Otro factor clave es la concentración de inversión en pocas compañías. Nvidia, OpenAI, Anthropic o CoreWeave funcionan como apuestas “puras”, donde su valor depende casi exclusivamente del éxito de la IA. En paralelo, la inversión minorista se dispara: Nvidia fue la acción más comprada por usuarios de Robinhood en 2024, un patrón similar al que anticipó el colapso puntocom en el año 2000.
El cuarto elemento es la narrativa: la IA se presenta como una tecnología inevitable y universal, capaz de automatizar industrias, curar enfermedades y resolver problemas estructurales del planeta. Esa expectativa ilimitada, señalan los economistas, es exactamente el combustible que infló las burbujas tecnológicas más destructivas del siglo XX.
Para Goldfarb, el caso de la IA puntúa “8 de 8” en su escala de riesgo histórico. “Marca todas las casillas”, advirtió. La pregunta ya no es si hay una burbuja, sino cuándo y con qué impacto podría estallar
Fuente: WIRED.


