A diferencia de otros mamíferos, los hipopótamos producen una secreción que se vuelve roja con el tiempo. Este líquido cumple funciones esenciales para su supervivencia.
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Los hipopótamos y los humanos tienen algo en común: ambos poseen una piel frágil y sin pelo, lo que los hace transpirar en grandes cantidades. Sin embargo, la transpiración de los hipopótamos es única en el reino animal, ya que su sudor, inicialmente incoloro, se vuelve rojo y luego marrón debido a un proceso químico conocido como polimerización.
Este fenómeno se debe a la presencia de pigmentos rojos y naranjas inestables que, al reaccionar con el aire, cambian de color. A pesar de su apariencia, este «sudor rojo» no contiene sangre y tiene funciones cruciales para la especie.
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La transpiración de los hipopótamos cumple tres roles fundamentales:
- Protección solar: los pigmentos en su sudor actúan como un filtro UV, evitando que su piel sensible sufra daños por la exposición al sol.
- Función antibiótica: inhibe el crecimiento de bacterias peligrosas como Pseudomonas aeruginosa y Klebsiella pneumoniae, protegiéndolos de infecciones cutáneas.
- Regulación térmica: les ayuda a mantener una temperatura corporal estable, permitiéndoles sobrevivir en hábitats cálidos.
Gracias a estas características, los hipopótamos pueden pasar largas horas fuera del agua sin sufrir daños en la piel. Este mecanismo natural los convierte en uno de los mamíferos más resistentes a la radiación solar y a las infecciones bacterianas.
Fuente: Billiken
Foto: Archivo


