Las ilusiones visuales, desde las perspectivas de Escher hasta el famoso debate sobre el color de un vestido, nos muestran cómo nuestro cerebro puede engañarnos al “ver aquello que no está o no ver aquello que está”. Estas ilusiones no solo entretienen, sino que también revelan la complejidad de la percepción humana.
Sensación vs. percepción
Para entender las ilusiones visuales, es crucial distinguir entre sensación y percepción. Mientras que la sensación se refiere a cómo nuestros sentidos captan el mundo exterior, la percepción es la interpretación que hace el cerebro de esta información. Este proceso es complejo y puede dar lugar a percepciones distorsionadas de la realidad.
El viaje de la luz al cerebro
La información visual comienza como energía lumínica –fotones– que los fotorreceptores en la retina convierten en impulsos eléctricos. Estos impulsos viajan por el nervio óptico hasta la corteza visual, donde se crea la imagen que percibimos. Este proceso es tan preciso que las prótesis visuales, basadas en estimular la corteza, ya permiten que algunas personas con discapacidades visuales «vean» a través de cámaras conectadas a electrodos.
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¿Qué papel juega el cerebro en las ilusiones?
El cerebro no solo recibe la información visual; también la filtra y completa lo que falta. Este mecanismo es responsable de ilusiones como el Triángulo de Kanizsa, donde percibimos una figura que no está delineada, o las serpientes rotantes de Kitaoka, que parecen moverse cuando en realidad no lo hacen. Movimientos oculares erráticos, combinados con el procesamiento cerebral, contribuyen a que estas ilusiones tomen forma.
El poder del contexto
Algunas ilusiones, como el debate sobre el color del vestido, se basan en cómo el cerebro interpreta la información según el contexto. La conexión entre la retina y la corteza visual pasa por el tálamo, que modula la percepción visual según la información de otros sentidos, alterando la forma en que percibimos imágenes y colores.
La atención: clave para ser engañados
Finalmente, nuestro cerebro filtra la sobreestimulación sensorial y presta atención solo a lo que considera relevante. Este mecanismo es explotado en ilusiones como el experimento del gorila invisible, donde el enfoque en un detalle hace que no notemos lo que ocurre alrededor.
Fuente: The Conversation.
Foto: ABC.


