La costumbre de comer locro en este día tiene su origen en la historia argentina. En 1946, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, se declaró al 1 de mayo como Día del Trabajador y se instituyó como feriado nacional. En ese mismo año, se realizó un gran acto en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, donde se ofreció locro a los trabajadores que participaron del evento, como se hacía habitualmente en las reuniones sindicales de la época.
Desde entonces, se ha mantenido la tradición de comer locro en el Día del Trabajador como un símbolo de la unidad y la solidaridad entre los trabajadores y como un homenaje a los pueblos originarios que lo preparaban en grandes cazuelas para compartir en sus comunidades. Además, se considera que el locro es un plato que representa la identidad y la cultura de la Argentina.


