Sentir nostalgia por alguien que causó sufrimiento puede parecer contradictorio, pero según el psicólogo Mark Travers, este fenómeno responde a procesos emocionales profundos que no dependen de afecto genuino. Travers identifica tres mecanismos principales: vínculo por trauma, refuerzo intermitente e idealización de la pareja.
El vínculo por trauma se forma cuando dolor y consuelo provienen de la misma persona. En estas relaciones, los momentos de afecto se alternan con episodios de conflicto o abandono, generando un apego intenso y confuso. La mente aprende a asociar a la persona tanto con seguridad como con amenaza, lo que dificulta romper el lazo, incluso ante maltrato emocional o físico.
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El refuerzo intermitente describe la recompensa emocional impredecible. Las muestras de cariño esporádicas funcionan como una “adicción emocional”, donde los pocos momentos positivos adquieren un valor desproporcionado frente al sufrimiento. Esto explica por qué, incluso después de finalizar la relación, las personas buscan revivir esos instantes de alivio, reforzando la nostalgia y la idealización del vínculo.
Finalmente, la idealización de la pareja permite que la mente llene los vacíos con fantasías. Durante el duelo, se exageran cualidades, se suavizan defectos y se crean recuerdos distorsionados. Así, extrañar a alguien dañino muchas veces refleja la pérdida de un futuro imaginado o de expectativas no cumplidas, más que la ausencia de la persona en sí.
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Travers concluye que el verdadero desafío consiste en aceptar la necesidad de construir un futuro distinto, reconociendo que lo que se añora muchas veces nunca existió realmente. Comprender estos mecanismos permite tomar distancia emocional y avanzar hacia vínculos más saludables.
Fuente: Infobae.


