Después de superar un resfrío, mantener ciertas medidas de higiene en el hogar puede ayudar a reducir el riesgo de transmisión de virus respiratorios. Las recomendaciones sanitarias se centran en limpiar los objetos de uso compartido, ventilar los ambientes y sostener hábitos de higiene, sin necesidad de desinfectar toda la vivienda.
Uno de los principales puntos de atención son las superficies que se tocan con frecuencia, como picaportes, interruptores de luz, grifos, mesadas y controles remotos. También conviene limpiar teléfonos celulares, tabletas y otros dispositivos que suelen pasar de una persona a otra.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan limpiar regularmente estas superficies con agua y productos que contengan jabón o detergente. La desinfección puede ser necesaria si hubo personas enfermas en el hogar o conviven integrantes con mayor riesgo de sufrir complicaciones.
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La ropa de cama, las toallas y las prendas utilizadas durante la enfermedad también deben lavarse con detergente, siguiendo las instrucciones de cada tejido, y secarse por completo. Además, es importante limpiar los cestos y recipientes utilizados para desechar pañuelos descartables y lavarse las manos después de manipular ropa sucia.
La ventilación es otra medida importante para mejorar la calidad del aire interior. Abrir las ventanas cuando las condiciones lo permiten y utilizar extractores en baños y cocinas ayuda a renovar el aire y reducir la concentración de partículas en espacios cerrados.
Aunque los síntomas hayan desaparecido, la recuperación no siempre significa que el riesgo de contagio haya terminado. Por eso, se recomienda mantener una buena higiene de manos, cubrirse al toser o estornudar y extremar los cuidados durante los días posteriores a la mejoría, especialmente al estar en contacto con personas vulnerables.


