Por una aceleración provocada por la posición de la Luna, la rotación terrestre se adelantará milisegundos. Aunque imperceptible para los humanos, el fenómeno tiene implicancias globales.
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La Tierra volverá a sorprender a la ciencia con un fenómeno tan sutil como significativo: su rotación será ligeramente más rápida durante julio y agosto de 2025, provocando días más cortos de lo habitual. Según los datos astronómicos más recientes, el 9 y 22 de julio y el 5 de agosto, el planeta completará su giro diario con una anticipación de entre 1,3 y 1,51 milisegundos.
Aunque esta diferencia no se percibe en la vida cotidiana ni afecta los relojes convencionales, sí representa un ajuste importante para la mecánica planetaria y la sincronización del tiempo civil, especialmente en sistemas como el GPS, las telecomunicaciones y los satélites.
La razón principal de esta aceleración es la posición de la Luna respecto del eje terrestre. Durante esas fechas, el satélite natural se alineará más cerca de los polos que del ecuador, lo que modificará la forma en que su fuerza gravitacional interactúa con la Tierra. Este empuje, aunque imperceptible, funciona como una palanca que acelera el giro planetario, tal como lo explicaron los científicos del Servicio Internacional de Rotación Terrestre (IERS).
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Este fenómeno no es nuevo. De hecho, la rotación de la Tierra ha variado a lo largo de su historia. Durante sus primeros mil millones de años, el planeta rotaba tan rápido que un día duraba solo 19 horas. Con el paso del tiempo, la Luna se fue alejando a razón de 3,8 centímetros por año, lo que fue ralentizando la rotación.
Sin embargo, desde 2020 se detecta una tendencia opuesta. La Tierra empezó a girar más rápido de lo habitual, marcando récords de velocidad. El 5 de julio de 2024 fue el día más corto registrado desde que se mide con relojes atómicos: duró 1,66 milisegundos menos que las 24 horas estándar.
Más allá de la influencia lunar, otros factores naturales y humanos también alteran la rotación terrestre. Según la NASA, el derretimiento de glaciares y la extracción de aguas subterráneas redistribuyen la masa del planeta, afectando su inercia. Entre 2000 y 2018, esta reorganización hídrica aumentó la duración del día en 1,33 milisegundos por siglo.
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Fenómenos como terremotos, estaciones del año y crecimiento vegetal también tienen su impacto. El caso del sismo de Tōhoku en Japón (2011), por ejemplo, desplazó masas hacia el centro de la Tierra, acortando el día en 1,8 microsegundos.
Para mantener el sistema de tiempo sincronizado con la rotación real del planeta, el IERS aplica el “segundo intercalar”, una corrección que evita desfasajes entre la posición del Sol y los relojes. Aunque solo se trata de milisegundos, a largo plazo pueden generar diferencias perceptibles si no se corrigen.
Los días más cortos previstos para julio y agosto de 2025 son parte de esta secuencia de variaciones sutiles, que revelan cómo la Tierra responde a múltiples influencias: desde la gravedad lunar hasta el cambio climático. Si bien la aceleración no afectará nuestras actividades, marca un nuevo capítulo en la comprensión de la dinámica planetaria.
Fuente y foto: Infobae


