En el campamento de refugiados de Kakuma, en Kenia, la situación humanitaria se agrava día a día. Más de 300.000 personas, provenientes de más de 20 países, enfrentan una grave escasez de alimentos tras los recortes en la financiación del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, luego de que Estados Unidos suspendiera su apoyo en marzo de 2025.
Martin Komol, refugiado ugandés y padre de cinco hijos, describe cómo ahora sobrevive con apenas una comida diaria y cómo la última ración de alimentos se agotó hace dos semanas. “Cuando no encontramos ayuda, nos enfermamos, pero en el hospital nos dicen que es solo hambre y nos envían de vuelta”, relató con tristeza.
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Las raciones alimentarias se redujeron a un tercio de lo recomendado por la ONU, recibiendo cada refugiado apenas 3 kilos de arroz mensuales, lejos de los 9 kilos ideales para una nutrición adecuada. Además, el PMA anunció que la próxima donación de alimentos, incluyendo lentejas y aceite, se espera recién para agosto, lo que genera una preocupación creciente por la seguridad alimentaria.
El impacto es especialmente grave entre los niños menores de cinco años y las madres embarazadas o lactantes, con un aumento alarmante en los casos de desnutrición severa. En el hospital principal del campamento, se reportan muertes infantiles por causas relacionadas con la falta de nutrientes, una situación que podría agravarse si no llega nueva ayuda.
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Mientras tanto, las familias tratan de sobrevivir con las pocas ayudas que reciben, apoyándose en la solidaridad vecinal y programas de alimentación escolar que también se ven afectados por los recortes. La crisis alimentaria no solo afecta la salud de los refugiados, sino también la economía local, con empresarios que enfrentan pérdidas por la disminución de la ayuda internacional.
Fuente: AP.
Foto: Andrew Kasuku – AP


