La historia de Anna Bågenholm, una joven médica sueca que esquiaba en las montañas noruegas en mayo de 1999, se transformó en uno de los casos más extraordinarios de supervivencia jamás documentados. Tras perder el control durante un descenso fuera de pista, cayó en un arroyo helado y quedó atrapada bajo una gruesa capa de hielo. Durante ochenta minutos no respiró y su corazón permaneció completamente detenido, en un cuadro clínicamente compatible con la muerte.
Sus dos compañeros, también médicos, dieron aviso a emergencias, pero el rescate demoró por las condiciones extremas del terreno. Cuando finalmente lograron extraerla, Anna no tenía pulso, actividad cardíaca ni reflejos. La temperatura de su cuerpo había caído a 13,7°C, un nivel jamás registrado en un adulto que lograra sobrevivir. Aun así, un equipo de más de veinte profesionales decidió sostener maniobras de reanimación y preparar un traslado aéreo hacia el Hospital Universitario de Tromso.
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En ese centro médico, especialistas en emergencias y cirugía cardiovascular aplicaron un protocolo inusual para ese momento: conectaron a Anna a una máquina de circulación extracorpórea para calentar lentamente su sangre y oxigenarla. El procedimiento demandó casi nueve horas, y recién cuando su temperatura superó los 25°C su corazón volvió a latir por sí solo, en un episodio que quedó documentado como un hito científico.
Tras despertar de un coma inducido diez días después, Anna presentó una parálisis casi total, complicaciones digestivas y fallas orgánicas que obligaron a un largo proceso de rehabilitación. Sin embargo, con meses de trabajo conjunto entre médicos, kinesiólogos y enfermeros, volvió a caminar y recuperó gran parte de su movilidad. Con algunas secuelas en manos y pies, rehízo su vida profesional como radióloga en Noruega.
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Su caso cambió para siempre la medicina de emergencia: desde entonces, los protocolos internacionales sostienen que nadie debe considerarse muerto por hipotermia hasta ser recalentado por completo. Hoy, Anna —que sobrevivió contra todo pronóstico— continúa trabajando en el mismo hospital que la recibió aquel día y comparte su experiencia en congresos para insistir en un mensaje central: nunca abandonar un rescate.
Fuente: Infobae.


