La resistencia a los antibióticos se convirtió en uno de los principales desafíos de la salud pública mundial y, frente a este escenario, investigadores de Bariloche pusieron el foco en plantas nativas de la Patagonia que podrían aportar soluciones innovadoras.
Según explicaron los científicos Santiago Reyes y Ariadna Tripaldi, distintas especies de la familia de las apiáceas, presentes tanto en la estepa patagónica como en zonas de alta montaña, producen compuestos con actividad antioxidante y antimicrobiana, lo que abre la puerta al desarrollo de nuevos antibióticos y antifúngicos.
Las apiáceas son conocidas por incluir alimentos de uso cotidiano como la zanahoria, el apio o el perejil, pero en la Patagonia existen al menos 15 géneros nativos, de los cuales solo dos han sido estudiados científicamente hasta el momento, lo que revela un amplio campo de investigación pendiente.
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Entre las especies destacadas aparecen el neneo, típico de la estepa, y el cacho de cabra, plantas utilizadas históricamente por los pueblos originarios con fines medicinales, especialmente para afecciones respiratorias, digestivas, hepáticas y como antiinflamatorios.
Los investigadores señalaron que muchas de estas plantas producen compuestos eficaces contra hongos, bacterias y parásitos, lo que podría convertirse en una herramienta clave frente al avance de microorganismos resistentes a los antibióticos tradicionales.
Además, advirtieron que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad amenazan estos ecosistemas: modelos predictivos indican que algunas especies andinas podrían reducir drásticamente su hábitat hacia 2040, lo que refuerza la urgencia de investigar y conservar la flora patagónica.
Fuente: Diario Río Negro.


