El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) expresó su preocupación por el número inusualmente alto de crías de ballena franca austral muertas registrado durante la actual temporada en las costas de Península Valdés y consideró prioritario profundizar los estudios para determinar las causas y el alcance del fenómeno.
Desde la organización señalaron que la población ya atravesó otros episodios de elevada mortalidad de crías. En 2012 se registraron 113 ballenatos muertos, la cifra más alta documentada hasta ese momento para la especie tanto en Península Valdés como a nivel mundial. Los registros preliminares de la temporada actual indicarían que el número podría ser aún mayor, aunque será necesario consolidar los datos y relacionarlos con la cantidad de nacimientos para evaluar el impacto poblacional.
Una de las líneas de investigación apunta a la posible presencia de una bacteria en el ambiente marino capaz de provocar una afección sistémica en los ballenatos. Entre los microorganismos de interés se encuentra Erysipelothrix rhusiopathiae, que puede encontrarse en distintos animales y ambientes marinos y ocasionar enfermedades graves en cetáceos.
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El ICB recordó que existe un antecedente en Península Valdés. Un estudio publicado en 2016 detectó esta bacteria en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013.
Sin embargo, el instituto remarcó que aquel trabajo no permitió establecer que la infección haya sido la causa de muerte de los animales. Los resultados sí aportaron evidencia de que las lesiones producidas por ataques de gaviotas pueden constituir una vía de ingreso para distintos microorganismos.
Por ese motivo, señalaron que todavía es necesario determinar qué factores podrían favorecer las infecciones y cuál sería su eventual relación con la mortandad registrada este año.
Además del análisis de los ejemplares muertos, el ICB consideró necesario estudiar las condiciones de las aguas de los golfos Nuevo y San José para identificar posibles factores ambientales que puedan influir en la supervivencia y el bienestar de las ballenas.
También plantearon la importancia de mantener un relevamiento sistemático de las costas para determinar con precisión cuántos animales murieron, evitar duplicaciones en los registros y establecer cómo se distribuye el fenómeno en el espacio y a lo largo de la temporada.
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Los resultados deberán complementarse con el seguimiento de las ballenas vivas y con los estudios de dinámica poblacional que se realizan desde hace décadas.
El Instituto de Conservación de Ballenas continúa este año con su programa de investigación en Península Valdés, en lo que constituye su 56ª temporada de campo.
Los equipos científicos estudian la condición corporal, la salud y las historias de vida de los ejemplares mediante distintas técnicas. La organización cuenta con información de más de 5.500 individuos, reunida durante cinco décadas de seguimiento.
Según señalaron, esa base de información puede resultar fundamental para comprender tanto las causas del episodio actual como sus posibles consecuencias sobre la población de ballenas francas.
Ante el hallazgo de una ballena varada, viva o muerta, se recomienda no acercarse ni tocarla, y evitar también que las mascotas entren en contacto con el animal.
Los casos pueden ser informados a la Dirección de Fauna y Flora Silvestre y a la Secretaría de Ambiente de Chubut al 280-4670760


