Un equipo de científicos de la Universidad de Cardiff ha realizado una perforación continua de 1268 metros en la dorsal mesoatlántica, proporcionando nuevos conocimientos sobre la composición del manto terrestre y su relación con el origen de la vida.
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El pozo superprofundo de Kola, en Rusia, con sus 12.262 metros de profundidad, ha sido durante décadas el agujero más profundo creado por el ser humano, superando la altura del monte Everest. Excavado por los soviéticos en la década de 1970, este pozo reveló descubrimientos sorprendentes, como la presencia de agua líquida a profundidades inesperadas y fósiles microscópicos de organismos marinos unicelulares con una antigüedad de 2.000 millones de años. Sin embargo, fue sellado en 2005, y desde entonces no se han realizado perforaciones comparables.
La exploración de las profundidades de la Tierra sigue siendo uno de los mayores desafíos científicos, ya que estas capas desconocidas del planeta guardan secretos cruciales sobre terremotos, erupciones volcánicas, recursos geológicos y la evolución del planeta y la vida. Para los científicos, la perforación en estas capas es esencial para comprender mejor los procesos que ocurren en el interior de la Tierra.
Recientemente, un equipo de la Universidad de Cardiff, liderado por Johan Lissenberg, logró realizar una perforación de 1268 metros en la dorsal mesoatlántica del Atlántico norte. Este proyecto, que rompió récords, ofrece una visión mineralógica detallada del manto oceánico y ha sido publicado en la revista Science.
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La importancia de esta perforación radica en su continuidad, a diferencia del pozo de Kola, que se asemejaba a un árbol de Navidad con múltiples ramificaciones. El «pozo de Lissenberg» permite un análisis más profundo y consistente del manto abisal, especialmente en una región hidrotermalmente activa conocida como Macizo de la Atlántida.
Durante la Expedición 399 del Programa Internacional de Descubrimiento de los Océanos (IODP), en 2023, los científicos recolectaron núcleos de perforación que revelaron la presencia de fragmentos de rocas gabroicas. Estas rocas, formadas por el enfriamiento lento de magma en grandes masas a gran profundidad, ofrecen pistas sobre los procesos que ocurren en las profundidades del planeta.
Uno de los hallazgos más destacados es el papel inesperado que estas rocas gabroicas podrían desempeñar en las chimeneas hidrotermales, donde la química prebiótica podría haber dado lugar al desarrollo de la vida en la Tierra primitiva. Esto también sugiere la posibilidad de que procesos similares hayan ocurrido en otros cuerpos planetarios.
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Eric Hellebrand, de la Universidad de Utrecht, explicó en un comunicado sobre el estudio: «Décadas de muestreo del fondo oceánico mediante dragado han pintado un panorama mineralógico aproximado del manto. Sin embargo, cada nueva misión de perforación revela vistas sorprendentes del manto y la formación de la corteza oceánica. Los proyectos de perforación más ambiciosos revelarán piezas importantes para comprender los efectos biogeoquímicos del manto oceánico».
Este avance en la perforación del manto oceánico no solo amplía nuestro conocimiento sobre la geología profunda de la Tierra, sino que también ofrece nuevas perspectivas sobre los orígenes de la vida, tanto en nuestro planeta como potencialmente en otros rincones del universo.
Fuente y foto: La Sexta
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