Moscú intensificó su apoyo militar a Teherán con tecnología, datos satelitales y asesoría táctica basada en la guerra en Ucrania, según revelaron medios internacionales.
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La alianza entre Rusia e Irán dio un giro estratégico en los últimos meses, con un flujo de asistencia militar que ahora se mueve en sentido inverso al de 2022. Según reveló The Wall Street Journal, Moscú está proporcionando inteligencia satelital en tiempo real, mejoras tecnológicas en drones y asesoramiento táctico al régimen iraní, en medio del conflicto que mantiene con Estados Unidos e Israel.
La información, corroborada por CNN, NBC News y The Washington Post, indica que Rusia está transfiriendo componentes mejorados de los drones Shahed —originalmente suministrados por Irán— junto con datos obtenidos de su red de satélites militares operada por las Fuerzas Aeroespaciales Rusas (VKS).
Este apoyo incluye imágenes de alta precisión para localizar bases, radares y movimientos navales de fuerzas estadounidenses y aliadas en la región. Además, ingenieros rusos habrían optimizado los drones con sistemas de navegación resistentes a interferencias, recubrimientos para operaciones nocturnas y ojivas más potentes, capacidades desarrolladas durante la guerra en Ucrania.
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El impacto de esta cooperación ya se reflejó en el terreno. El 1 de marzo, un ataque con drones iraníes destruyó un radar del sistema antimisiles THAAD en una base en Jordania y alcanzó instalaciones en Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. Analistas señalaron que la precisión de estos ataques replica patrones utilizados por Rusia en el frente ucraniano.
Aunque no existe un tratado formal de defensa mutua, la relación entre Moscú y Teherán se profundizó tras la invasión rusa de Ucrania. Intercambios de delegaciones, entrenamientos conjuntos y proyectos tecnológicos —incluido el lanzamiento de satélites— consolidaron una cooperación que hoy se traduce en ventajas operativas para Irán.
Sin embargo, el respaldo ruso tiene límites. El enviado estadounidense Steve Witkoff afirmó que Moscú negó estar proporcionando inteligencia directa para seleccionar objetivos. En la misma línea, el presidente Donald Trump admitió que la ayuda podría existir “en cierta medida”, lo que sugiere una estrategia calibrada del Kremlin para evitar una escalada mayor con Washington.
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En paralelo, Rusia también obtiene beneficios económicos y estratégicos. El cierre del estrecho de Ormuz elevó el precio del petróleo, favoreciendo a su economía, mientras que el desgaste de los sistemas de defensa aérea de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente podría afectar indirectamente la capacidad de apoyo a Ucrania.
Expertos internacionales coinciden en que esta dinámica responde a una lógica de reciprocidad geopolítica. Moscú, golpeado por el respaldo occidental a Kiev, encuentra en el conflicto de Medio Oriente una oportunidad para equilibrar fuerzas y proyectar su influencia en un nuevo escenario de alta tensión global.
Fuente y foto: Infobae


