Rusia y Ucrania intercambiaron graves acusaciones por ataques mortales ocurridos durante las celebraciones de Nochevieja, en un nuevo episodio de escalada del conflicto que marcó el inicio de 2026 con violencia en ambos lados del frente.
Las autoridades rusas denunciaron que un ataque con drones ucranianos contra una zona bajo control de Moscú en la región de Jersón provocó al menos 20 muertes. Según el gobernador prorruso Vladimir Saldo, los artefactos impactaron contra una cafetería y un hotel en la localidad costera de Jorli, causando incendios de gran magnitud y más de 50 heridos, entre ellos un niño.
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De acuerdo con la versión rusa, los drones transportaban material incendiario, lo que habría provocado que varias víctimas murieran calcinadas. Desde Moscú responsabilizaron directamente al gobierno de Volodímir Zelenski y calificaron el ataque como una contradicción al discurso ucraniano sobre la búsqueda de la paz.
Desde Kiev, en cambio, el presidente Zelenski condenó una ofensiva rusa lanzada durante la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1° de enero, en la que se utilizaron más de 200 drones. Los ataques dejaron al menos una persona muerta en la región de Jersón y provocaron cortes de electricidad que afectaron a más de 100.000 personas en Volinia, al oeste del país.
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En ese contexto, Ucrania volvió a reclamar mayor apoyo militar a sus aliados y confirmó la incorporación de dos nuevos sistemas de defensa antiaérea Patriot, provistos en cooperación con Alemania. Mientras continúan las denuncias cruzadas y el impacto sobre la población civil, las perspectivas de una tregua en el corto plazo vuelven a quedar en duda.
Fuente: DW.


