Multitudinarias protestas se registraron en ocho provincias de Siria luego de la entrada en vigencia de aumentos de hasta 40% en el precio del diésel y del 28% en la gasolina. Las movilizaciones se produjeron en Alepo, Idlib, Hama, Rif Dimashq, Deraa, Raqqa, Deir Ezzor y Hasakeh.
Los manifestantes bloquearon rutas y autopistas estratégicas, entre ellas la M5, la conexión entre Alepo y Damasco y el tramo Gaziantep-Alepo. También incendiaron neumáticos, mientras los cortes afectaron el transporte público y el tránsito de camiones cisterna utilizados para trasladar crudo.
El Gobierno sirio justificó los incrementos por el aumento temporal de los costos internacionales de adquisición de combustibles y la escasez de productos refinados. En respuesta, distintos sectores reclamaron el restablecimiento de los subsidios y cuestionaron a las autoridades económicas.
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La situación energética se encuentra condicionada por una fuerte diferencia entre la demanda interna y la producción nacional. Siria consume alrededor de 300.000 barriles de petróleo diarios, mientras que su producción alcanza unos 100.000 barriles por día, lo que obliga al país a recurrir a importaciones.
A esta situación se suman las tareas de mantenimiento en instalaciones estratégicas, como la refinería de Banias, ubicada en la provincia de Tartus, sobre la costa mediterránea. El incremento de los combustibles genera preocupación por su posible impacto sobre el transporte y los precios de productos básicos.
Las fuerzas de seguridad intervinieron para despejar algunas de las vías bloqueadas y se registraron momentos de tensión durante los operativos en distintas ciudades del norte y el este del país. Las protestas reflejan el malestar por el deterioro de las condiciones de vida en un contexto en el que, según los datos citados por la fuente, alrededor del 90% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.


