El Emirato Islámico de Afganistán, bajo control talibán desde 2021, rechazó de manera contundente las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien manifestó su interés en recuperar la base aérea de Bagram, situada a 60 kilómetros de Kabul. El anuncio, hecho este domingo, subraya que cualquier intento de Washington por reabrir su presencia militar en el país sería visto como una amenaza directa.
En un comunicado oficial, los talibanes recordaron los compromisos del Acuerdo de Doha, firmado en 2020, que establece que Estados Unidos no podrá interferir en los asuntos internos de Afganistán ni amenazar su soberanía. “La independencia y la integridad territorial son de máxima importancia”, remarcaron, al tiempo que instaron a la Casa Blanca a evitar repetir “experiencias fallidas del pasado”.
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El jefe de gabinete del Ministerio de Defensa afgano, Fasihudin Fitrat, fue categórico en declaraciones a medios locales: “Un acuerdo, aunque sea sobre una pulgada del suelo de Afganistán, no es posible. No lo necesitamos”. Con esas palabras, descartó cualquier negociación que pudiera poner en riesgo el control talibán sobre el territorio.
Trump, en su red Truth Social, había exigido la devolución de la base y lanzó una advertencia: “Si Afganistán no devuelve la base aérea de Bagram a quienes la construyeron, ¡pasarán cosas malas!”. Sin embargo, los registros históricos indican que la instalación fue levantada por la Unión Soviética en la década de 1950, antes de convertirse en un punto clave para la presencia militar estadounidense tras la invasión de 2001.
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Días atrás, otro alto funcionario talibán, Zakir Jalaly, había marcado una línea clara: Afganistán estaría dispuesto a abrir la puerta a la cooperación económica y política con Estados Unidos, pero bajo ninguna circunstancia aceptaría el regreso de tropas extranjeras. Con esta nueva tensión, la disputa por Bagram vuelve a exponer el frágil equilibrio entre Washington y Kabul.
Fuente: DW.
Foto: Sanaullah Seiam/AFP.


