La cápsula del programa Venera, que debía estudiar Venus, reingresó a la atmósfera terrestre medio siglo después y reavivó el debate sobre la basura espacial.
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Después de más de cinco décadas girando alrededor de la Tierra, la sonda soviética Kosmos 482 finalmente reingresó a la atmósfera terrestre y cayó al océano Índico, a unos 560 kilómetros de la isla de Andamán del Medio. El evento, confirmado por Roscosmos, puso fin a una misión que jamás alcanzó su objetivo: estudiar Venus como parte del histórico programa Venera de la ex Unión Soviética.
Lanzada el 31 de marzo de 1972, la nave fue víctima de una falla en la cuarta etapa del cohete Molnia-M, que no le permitió alcanzar la velocidad de escape. Mientras su gemela, la Venera 8, logró posarse en Venus, Kosmos 482 quedó atrapada en una órbita elíptica, con altitudes de hasta 9.800 kilómetros, sobreviviendo al paso del tiempo gracias a su robusta estructura, diseñada para resistir la hostil atmósfera venusina.
La caída fue monitoreada por agencias espaciales y astrónomos independientes como Claudio Martínez, quien explicó que “a las 6.04 UTC fue vista por última vez, y a las 7.32 ya no estaba; es decir, se precipitó al océano”. A pesar del seguimiento, no hubo testigos directos ni imágenes confirmadas del impacto. La incertidumbre sobre su punto de reingreso había generado inquietud, ya que grandes ciudades como Londres, Nueva York o Pekín estaban dentro del rango de posible impacto.
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La cápsula llevaba una carga científica que jamás se utilizó, con instrumentos para analizar partículas espaciales, espectros gamma, iluminación, temperatura y presión. Años de fricción con la atmósfera fueron reduciendo su órbita hasta su descenso final. La NASA había advertido que su diseño —incluyendo una carcasa de titanio y paracaídas— hacía posible que algunos fragmentos sobrevivieran al reingreso.
Más allá de su caída, Kosmos 482 volvió a poner en el centro del debate el problema creciente de la basura espacial. La Agencia Espacial Europea (ESA) estima que hay más de 1,2 millones de objetos de más de un centímetro flotando alrededor del planeta, lo que supone riesgos para satélites, estaciones espaciales y para la propia Tierra. La cápsula soviética, aunque inofensiva, recordó que los residuos tecnológicos de décadas pasadas siguen generando desafíos en el presente.
El fallido viaje a Venus terminó con un legado inesperado: una lección sobre los riesgos de la actividad espacial y la importancia de una gestión responsable del entorno orbital. Kosmos 482 no cumplió su misión original, pero terminó sirviendo como recordatorio de la audacia tecnológica del pasado y la urgencia de pensar en el futuro del espacio.
Fuente y foto: Infobae


