Un equipo de científicos polacos descubrió los restos de Dennis “Tink” Bell, un joven británico desaparecido en 1959 durante una expedición en la Antártida, cuando el retroceso del glaciar Ecology, en la isla Rey Jorge, dejó al descubierto su cuerpo. La identificación fue posible mediante pruebas de ADN, aportadas por su hermano David Bell, y complementadas con evidencia histórica como ropa y equipamiento de la época.
La desaparición de Bell ocurrió en un accidente durante una travesía en condiciones extremas, cuando cayó en una grieta. Durante más de seis décadas, sus restos permanecieron sepultados bajo el hielo, dejando una herida abierta para su familia y compañeros. La recuperación del cuerpo evidencia cómo el cambio climático puede revelar vestigios históricos y humanos que parecían perdidos.
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El proceso de identificación implicó la cooperación de varias instituciones internacionales, incluyendo el British Antarctic Survey y laboratorios especializados en genética, así como la logística de transporte coordinada con la Royal Air Force. Este trabajo demuestra la importancia de la colaboración científica en entornos extremos y bajo normas establecidas por el Tratado Antártico.
Más allá del valor humano, el hallazgo aporta información sobre la actividad científica británica en la Antártida a mediados del siglo XX, incluyendo métodos de trabajo, equipamiento y condiciones de las expediciones. También plantea la necesidad de protocolos claros para la recuperación y preservación de restos humanos y objetos históricos en el continente helado.
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Para la familia, el hallazgo representó un cierre largamente esperado. David Bell expresó su gratitud hacia los equipos que hicieron posible la recuperación: “Es increíble pensar que después de todos estos años lo hayan encontrado. Estoy muy agradecido a quienes lo trajeron de vuelta a casa”. El caso de Dennis Bell simboliza cómo ciencia, historia y medio ambiente pueden converger en un solo descubrimiento.
Fuente: Muy Interensante


