Los audiólogos ya detectan pérdida auditiva en adolescentes y niños menores de 10 años. Una vez que las células del oído interno se dañan, no vuelven a crecer.
«Una vez que se pierde, se pierde para siempre», advierte Valerie Pavlovich Ruff, audióloga y especialista en pérdida auditiva de la Clínica Cleveland. Y aunque la mayoría asocia el daño auditivo con conciertos de rock o explosiones, los audiólogos están detectando señales de pérdida en pacientes cada vez más jóvenes, incluyendo adolescentes y niños menores de 10 años.
La explicación está en la anatomía. Más allá del tímpano, en el oído interno, se encuentra la cóclea, una cavidad llena de líquido revestida de miles de diminutas células ciliadas. Cuando el sonido llega al oído, estos cilios se mueven y convierten esas vibraciones en impulsos eléctricos que el cerebro interpreta como sonido. El problema es que la exposición prolongada a sonidos fuertes dobla o rompe esos cilios. Y a diferencia de otros tejidos del cuerpo, no vuelven a crecer.
«El oído humano tiene todas las células ciliadas que tendrá a lo largo de su vida desde el día de su nacimiento», explica Pavlovich Ruff. «Una vez que se pierden, la pérdida es permanente». Al volumen al que suele tocarse la música en la mayoría de los locales, el daño comienza en apenas 10 o 15 minutos de exposición.
Los auriculares son uno de los principales factores de riesgo cotidiano. Un estudio con niños de 9 años en Suecia encontró diferencias auditivas estadísticamente significativas entre quienes usaban auriculares con regularidad y quienes no. Se estima que hasta 1.350 millones de personas menores de 35 años podrían estar en riesgo de pérdida auditiva prematura por dispositivos de escucha personales. La regla es simple: si alguien que está cerca tiene que gritarte para que lo escuches, el volumen es demasiado alto.
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Otras situaciones cotidianas también representan un riesgo que pocos consideran. Conducir con la ventanilla baja en autopista genera un silbido de viento más fuerte de lo que parece, y encima obliga a subir el volumen de la radio para compensar. «Es un doble golpe», dice Pavlovich Ruff. Lo mismo ocurre con herramientas eléctricas, desbrozadoras, sopladores de hojas y cortadoras de césped, donde se recomienda usar tapones o protectores auditivos con el mayor índice de reducción de ruido posible.
En conciertos y eventos deportivos, la solución no es alejarse sino protegerse. Los tapones de espuma distorsionan el sonido, por lo que los especialistas recomiendan tapones de alta fidelidad, disponibles desde 25 dólares, que reducen el volumen sin alterar la calidad del sonido. Para músicos o melómanos exigentes, existen versiones a medida fabricadas por audiólogos que cuestan alrededor de 175 dólares.
La pérdida auditiva con la edad no es solo una cuestión de volumen: está vinculada al aislamiento social y a un mayor riesgo de deterioro cognitivo. «A menudo se confunden en las primeras etapas», advierte Pavlovich Ruff. «Esta persona puede no tener deterioro cognitivo, simplemente puede no poder oír». Los investigadores trabajan en terapias genéticas para regenerar los cilios, pero hasta entonces, la única defensa real es la prevención.
Con información de BBC


