El mate es parte central de la identidad argentina y atraviesa generaciones, horarios y rituales cotidianos. Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate, en el país se consumen en promedio 6,4 kilos de yerba por habitante al año y más del 90% de la población incorpora esta infusión a su rutina diaria.
En ese contexto, especialistas en nutrición establecieron un rango orientativo sobre cuánto mate se puede beber sin afectar la salud. La recomendación general ubica el consumo seguro entre uno y dos litros diarios, lo que equivale aproximadamente a ocho o diez mates promedio, dependiendo del tamaño del recipiente y la frecuencia de cebado.
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Los expertos señalan que no solo importa la cantidad, sino también el contexto: la temperatura del agua, la concentración de la yerba y la sensibilidad individual a la cafeína influyen en la tolerancia. Cuando se superan esos valores, pueden aparecer molestias digestivas, nerviosas o incluso renales, vinculadas a los compuestos activos presentes en la yerba mate.
Sin embargo, lejos de ser una bebida perjudicial, el mate también aporta beneficios nutricionales relevantes. Contiene antioxidantes, vitaminas del complejo B, minerales como el potasio y cafeína, lo que contribuye a mejorar el estado de alerta y a reducir la fatiga. Su capacidad antioxidante, según estudios comparativos, incluso supera a la del té verde y al vino tinto.
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De esta manera, el mate puede formar parte de una alimentación equilibrada siempre que se mantenga dentro de parámetros moderados. Como toda infusión estimulante, la clave está en el equilibrio y en adaptar el consumo a las necesidades y características de cada persona.
Fuente: Revista Códigos.


