Una investigación internacional descubrió que los descendientes de comunidades quechuas desarrollaron una adaptación genética vinculada al consumo de papa hace miles de años. El hallazgo fue publicado en la revista científica Nature Communications.
La papa no solo fue un alimento clave para las antiguas comunidades andinas, sino que también dejó una huella genética en sus descendientes. Un estudio publicado en la revista Nature Communications reveló que los pueblos quechuas desarrollaron una adaptación biológica que les permite digerir mejor el almidón presente en este tubérculo.
La investigación analizó ADN antiguo de poblaciones andinas y lo comparó con el genoma de otras 83 poblaciones humanas modernas. El trabajo concluyó que los descendientes de los pueblos originarios de Perú poseen un número más elevado de copias del gen AMY1, encargado de producir la enzima amilasa salival, fundamental para descomponer el almidón desde la boca.
Según explicaron los investigadores, esta adaptación genética comenzó hace entre 10.000 y 6.000 años, cuando las comunidades andinas domesticaron la papa y la incorporaron como base de su alimentación. La selección natural favoreció a quienes tenían más copias del gen, ya que podían aprovechar mejor los nutrientes y tenían mayores posibilidades de supervivencia.
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El estudio fue realizado por especialistas de distintas universidades internacionales, entre ellas la Universidad de Búfalo. Uno de los autores, Omer Gokcumen, señaló que las personas con diez o más copias del gen AMY1 tuvieron ventajas reproductivas y de supervivencia en comparación con quienes poseían menos.
Los científicos sostienen que este descubrimiento también podría abrir la puerta a futuros modelos de alimentación personalizada basados en el ADN. De acuerdo con la investigación, conocer la cantidad de copias del gen AMY1 podría ayudar a entender cómo cada persona procesa alimentos ricos en almidón, como la papa.
Además, el trabajo cuestiona la idea de que la evolución humana se detuvo en tiempos prehistóricos. Los autores remarcaron que las poblaciones continuaron adaptándose a nuevos hábitos alimentarios incluso después del surgimiento de la agricultura y la domesticación de cultivos.
Fuente y foto: DW.


