Un estudio de la NASA reveló que el planeta dejó de reflejar la radiación solar de manera simétrica. El hemisferio norte refleja cada vez menos luz, lo que altera lluvias, circulación de vientos y acelera el aumento de la temperatura.
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Durante años, los científicos asumieron que la Tierra mantenía un balance casi perfecto entre hemisferios en la forma en que reflejaba la radiación solar. Ese fenómeno, conocido como albedo hemisférico, era clave para la estabilidad del sistema climático. Sin embargo, una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences demostró que esa simetría se está rompiendo: el hemisferio norte se oscurece más rápido que el sur.
El estudio, liderado por Norman Loeb, físico del Centro de Investigación Langley de la NASA, se basó en 24 años de datos satelitales y arrojó un hallazgo inquietante: el norte refleja menos luz solar, lo que genera un desequilibrio energético global. En la última década, la diferencia alcanzó 0,34 vatios por metro cuadrado, una variación aparentemente pequeña, pero significativa en términos climáticos.
Las causas son múltiples: el retroceso del hielo marino y la nieve en el Ártico, la reducción de aerosoles industriales en países del norte —un logro sanitario que, sin embargo, disminuyó la capacidad de reflexión— y el aumento de vapor de agua que potencia la absorción solar. En contraste, en el hemisferio sur, episodios como los incendios en Australia y la erupción del volcán Hunga Tonga aportaron temporalmente partículas que actuaron como escudo reflectante.
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El trabajo también advierte que las nubes no están compensando el desequilibrio como se pensaba. Su cobertura disminuyó en regiones clave del hemisferio norte, reforzando el oscurecimiento. Esto cuestiona un supuesto básico de los modelos climáticos, que confiaban en la nubosidad como mecanismo de autorregulación.
Las consecuencias ya son visibles: el hemisferio norte se calienta 0,16 °C por década más rápido que el sur. Además, la Zona de Convergencia Intertropical, donde confluyen vientos y lluvias, se desplaza hacia el norte, modificando patrones de precipitación en América Central, África y Asia. También podrían alterarse las tormentas y los sistemas de circulación atmosférica que sostienen la producción agrícola y el abastecimiento de agua.
El oscurecimiento desigual de la Tierra obliga a repensar los modelos de predicción climática. Lo que parecía una ventaja —menos contaminación en el aire— se revela como un nuevo factor que acelera el calentamiento global en regiones densamente pobladas. Para los científicos, comprender la magnitud de este cambio es esencial para anticipar impactos y diseñar estrategias de adaptación.
Fuente y foto: Infobae


