El investigador Rajesh Rao, codirector del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Washington, anticipa avances en las interfaces cerebro-computadora que podrían permitir interactuar con teléfonos, inteligencia artificial y otros dispositivos mediante señales cerebrales.
La posibilidad de conectar directamente el cerebro humano con un teléfono celular y utilizarlo para ampliar las capacidades de las personas podría dejar de ser una idea de ciencia ficción en los próximos diez años. Así lo plantea el neurocientífico indio Rajesh Rao, uno de los referentes internacionales en interfaces cerebro-máquina, quien sostiene que estas tecnologías avanzan hacia una etapa que podría transformar la relación cotidiana entre las personas y los dispositivos electrónicos.
Rao, de 56 años y codirector del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Washington, participó en Madrid de la V Conferencia Internacional de Inferencia Activa (IWAI). Allí, especialistas analizaron cómo comprender mejor los mecanismos de la inteligencia biológica para desarrollar sistemas de inteligencia artificial (IA) inspirados en el funcionamiento del cerebro humano.
El investigador considera que esta nueva generación de sistemas, conocida como neurointeligencia artificial o neuro-IA, debería comprender las intenciones humanas, interactuar con las personas y contribuir a potenciar sus capacidades. En una entrevista con EFE, explicó que el desafío científico ya no consiste solamente en conocer la anatomía cerebral, sino en entender cómo funciona para desarrollar tecnologías más cercanas a la inteligencia biológica.
MIRÁ TAMBIÉN | Tini canceló su show en Miami por fallas técnicas
Las interfaces cerebro-computadora, conocidas por la sigla BCI, ya permiten avances en la rehabilitación y la asistencia a personas con determinadas discapacidades. Estos sistemas pueden interpretar señales cerebrales para facilitar la comunicación en personas con parálisis, controlar prótesis y recuperar algunas funciones afectadas por lesiones neurológicas. También se investigan aplicaciones para restaurar capacidades visuales y auditivas, además de dispositivos implantables destinados a intervenir sobre procesos fisiológicos.
Uno de los principales obstáculos es que muchas de estas tecnologías requieren colocar implantes en el cerebro, lo que implica riesgos asociados a la cirugía y posibles complicaciones para los pacientes. Por eso, los investigadores también trabajan en alternativas menos invasivas. Rao sostiene que el próximo gran salto consistirá en pasar de restaurar funciones perdidas a desarrollar interfaces capaces de ampliar las habilidades humanas. “Aún estamos en fase inicial, pero nos movemos hacia ese camino”, afirmó, y remarcó que estos avances deben estar acompañados por pautas éticas establecidas por los gobiernos.
El científico también advirtió que las interfaces destinadas a potenciar el cerebro podrían tener consecuencias tanto revolucionarias como peligrosas. La posibilidad de conectar la actividad cerebral con celulares, tabletas, robots y sistemas de inteligencia artificial abre interrogantes sobre la privacidad mental, el consentimiento y el uso responsable de los datos neuronales. Según su previsión, las primeras aplicaciones de esta nueva etapa podrían llegar en un plazo no superior a una década, aunque se trata de una estimación y no de una fecha confirmada para su disponibilidad comercial.
LEE TAMBIÉN | El arroz puede ayudar a construir las casas del futuro
Rao y su equipo ya habían demostrado una forma experimental de comunicación directa entre cerebros mediante un sistema denominado BrainNet. En las pruebas, utilizaron gorros con sensores que registran la actividad eléctrica cerebral, computadoras y señales transmitidas entre participantes para que varias personas colaboraran en un videojuego sin comunicarse verbalmente ni observar todas la misma pantalla. El sistema permitió transmitir instrucciones simples sin necesidad de implantes cerebrales, aunque no implicó una lectura general de pensamientos.
El siguiente objetivo del equipo es perfeccionar esa tecnología para transmitir mensajes más complejos entre personas. “De momento hemos logrado comunicar mensajes simples, ahora queremos mejorar el sistema para ser capaces de transmitir pensamientos complejos entre las personas”, concluyó Rao. Estos desarrollos muestran el potencial de las interfaces neuronales, pero todavía existen importantes desafíos técnicos, médicos y éticos antes de que puedan integrarse de manera habitual en la vida cotidiana.
Con información de DW.


