El director general de Fundación Vida Silvestre, Manuel Jaramillo, visitó el CENPAT y destacó el trabajo científico que se desarrolla en la Reserva San Pablo de Valdés. También advirtió sobre el riesgo de incendios rurales y planteó la necesidad de compatibilizar la producción con la conservación de la biodiversidad.
El pasado miércoles 23 de septiembre, el director general de la Fundación Vida Silvestre, Manuel Jaramillo, brindó una charla a investigadores del CENPAT, donde repasó las principales acciones de la organización y el trabajo de cooperación científica que mantiene con la institución.
Antes de la exposición se realizó la firma de un acta acuerdo entre la Fundación Vida Silvestre y el Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC), vinculada a las actividades que ambas instituciones desarrollan en la Reserva San Pablo de Valdés, ubicada en Península Valdés y gestionada por la Fundación.
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En diálogo con Radio 3, Jaramillo destacó el vínculo de larga data con el CENPAT y explicó que la reserva, que protege unas 7.300 hectáreas, funciona también como espacio para el desarrollo de investigaciones y capacitaciones.
“Los científicos del IPEEC desarrollan múltiples actividades en la reserva, pero que no solo sirven para la reserva, sirven para conocer y tener información sobre cómo son los procesos ecológicos que se dan entre especies animales y vegetales en la estepa patagónica y cómo se puede conservar mejor y producir mejor”, señaló.
El referente de Vida Silvestre explicó que desde el retiro de las ovejas, hace más de 20 años, la reserva recuperó parte de su pastizal natural y con ello aumentó la presencia de distintas especies, entre ellas choiques, zorros, maras, guanacos y pumas. Este proceso también plantea desafíos para la convivencia con los establecimientos productivos vecinos, por lo que se desarrollan investigaciones sobre herramientas para reducir conflictos, como el uso de perros protectores de ganado frente a la predación.
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Otro de los temas abordados durante el encuentro fue el riesgo de incendios rurales y de pastizales. Jaramillo explicó que las lluvias pueden generar una mayor cantidad de pastos que, al secarse durante la temporada de calor, se convierten en material combustible.
“Inviernos y primaveras lluviosas como lo que estamos teniendo van a tener aumento de los pastos. Esos pastos, al no tener una herbivoría suficiente que lo consuma, se van a secar y van a hacer un montón de materia seca disponible para que la próxima temporada de calor podamos tener nuevamente incendios rurales”, advirtió.
Ante este escenario, remarcó la necesidad de fortalecer las medidas de prevención y el trabajo coordinado entre organismos públicos, bomberos y productores. “Trabajar en evitar un incendio es 100 veces más barato que tener que apagarlo”, sostuvo.
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Finalmente, Jaramillo se refirió a los desafíos que atraviesa la producción ganadera en la estepa patagónica, vinculados entre otros factores con la desertificación, los costos de la actividad y los cambios en el mercado de la lana.
En ese contexto, destacó la necesidad de encontrar herramientas que permitan compatibilizar la actividad productiva con la conservación de la biodiversidad. “Hay una obligación que tenemos como sociedad de articular justamente la producción con la conservación”, afirmó.
El referente consideró que el manejo integrado de los ecosistemas puede permitir esa convivencia y destacó la importancia de continuar articulando acciones entre investigadores, productores, organismos públicos y organizaciones de conservación.






