El signo que hoy identifica a millones de usuarios en internet nació como una abreviatura comercial vinculada al ánfora, la vasija griega usada para medir vino y aceite. Su recorrido pasó por las máquinas de escribir y llegó al primer correo electrónico de la historia.
El símbolo @, hoy asociado a la comunicación digital, tiene un origen que se remonta miles de años atrás. Según el escritor Keith Houston, autor de un libro sobre la historia de la puntuación, el signo funcionaba originalmente como una abreviatura comercial. Su vínculo más antiguo es con el ánfora, la vasija de barro que los griegos usaban para almacenar vino, cereales y aceite de oliva, y que con el tiempo se convirtió en una unidad de medida.
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De tanto repetir la palabra en transacciones comerciales, los comerciantes comenzaron a dibujar una «a» con una cola larga, en lugar de escribir el término completo. El registro más antiguo conocido del símbolo en su sentido moderno data de 1536, en una carta enviada desde Sevilla por un comerciante que la usó para indicar el precio de una ánfora de vino.
El signo se mantuvo vigente entre contadores y administrativos, y con la llegada de las máquinas de escribir en Estados Unidos, durante el siglo XIX, se ganó un lugar fijo en los teclados. El profesor de tipografía Gerry Leonidas explicó que el crecimiento de los catálogos de venta por correo generó una fuerte demanda administrativa, lo que sostuvo el uso del símbolo durante generaciones de máquinas de escribir.
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El salto a la era digital llegó en 1971, cuando el informático Ray Tomlinson, que trabajaba en el proyecto que dio origen a internet, necesitó un carácter para separar el nombre de un usuario del lugar donde se encontraba en la red. Encontró la @ en el teclado y la utilizó para enviar el primer correo electrónico de la historia.
Con la expansión de internet, el símbolo adoptó distintos nombres según el idioma: en italiano es «chiocciola» (caracol), en ruso «sobaka» (perro), en checo remite a un pescado enrollado y en holandés se lo conoce como «cola de mono». En español, portugués y otras lenguas se lo llama arroba, término que también deriva del ánfora como unidad de peso.
Para Leonidas, lo distintivo del símbolo es lo que obliga a hacer después: escribir en minúsculas, sin espacios, y construir una palabra única para identificarse. La curadora Paola Antonelli, del Museo de Arte Moderno de Nueva York, incorporó el signo a la colección permanente de la institución. «Te das cuenta de que es todo un universo», señaló sobre el hallazgo de historias detrás de objetos cotidianos.
Con información de BBC.


