Entre las bardas áridas de la meseta patagónica, donde el viento sopla sin tregua, se levanta un oasis inesperado: la Estancia Las Bardas, un viñedo que logró lo que parecía imposible. En pleno sur del país, la familia Fernandes transformó un terreno desértico en un refugio de vida, sabor y hospitalidad.
Fundado en 2018, el proyecto comenzó con apenas unas hileras de Pinot Noir y hoy suma variedades como Syrah, Malbec, Merlot, Chardonnay y Torrontés Riojano, además de olivares de Arbequina y Hojiblanca que desafían al clima extremo. Hoy, la bodega produce vinos artesanales que reflejan la esencia de la Patagonia argentina: elegantes, rústicos y con carácter propio.
Las Bardas ofrece una experiencia que va más allá de la producción vitivinícola. Los visitantes pueden recorrer los viñedos, disfrutar de catas guiadas y almuerzos al aire libre con vista al valle del río Chubut. La estancia combina paisaje, gastronomía y tradición en un entorno donde cada detalle invita a quedarse.
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Un visitante brasileño, sorprendido por la Patagonia vitivinícola
La singularidad de Las Bardas despierta el interés de visitantes de distintas partes del mundo. Uno de ellos, Ricardo Nishiama, un viajero brasileño, compartió su experiencia en un video que se volvió viral entre los amantes del turismo enológico. En sus propias palabras: “Fueron tantas las imágenes, historias y detalles fascinantes que captarlos en apenas tres minutos se volvió un verdadero malabarismo. Pero creo que logré reunir aquí la esencia de esta visita — lo que realmente hace que la Bodega Estancia Las Bardas, en Trelew, sea un lugar tan especial».
Rircardo destaca que «entre los bordes áridos de la meseta patagónica, donde el viento sopla casi sin descanso, nació un proyecto audaz: cultivar viñedos en un suelo que parecía imposible. La familia Fernandes transformó un terreno antes considerado desértico en un refugio de vida y sabor».
El visitante también valoró la experiencia gastronómica que acompaña al vino: “Durante la visita, participé de un almuerzo típico: cordero patagónico asado lentamente al brasero, verduras grilladas, empanadas y tortas fritas servidas con un hilo de aceite artesanal — todo acompañado por los vinos de la casa, elaborados en pequeña escala, con mucho cuidado y pasión. Fue una experiencia inolvidable, no solo por la belleza del lugar, sino también por su historia de superación y amor a la tierra».
“La Estancia Las Bardas es la prueba de que, incluso entre el viento y la aridez, pueden florecer los grandes sueños”, concluye el viajero brasileño.




