Desde Dionisio y Baco hasta los hallazgos arqueológicos en China, la historia del vino y la cerveza atraviesa mitos, ciencia y cultura. Investigaciones revelan cuál habría sido la bebida alcohólica más antigua de la humanidad.
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Las historias vinculadas al consumo de vino se remontan a las civilizaciones más antiguas y aparecen incluso en la mitología. Para los griegos, Dionisio era el dios del vino, la fertilidad y la celebración; mientras que los romanos veneraban a Baco como símbolo del éxtasis, la agricultura y la fiesta. En los rituales dedicados a estas deidades, el vino ocupaba un lugar central, lo que da cuenta de la profunda conexión entre esta bebida y el desarrollo cultural de Occidente.
Sin embargo, la relación de la humanidad con las bebidas fermentadas es aún más antigua. Según el artículo “Fermentación con levadura y producción de cerveza y vino”, elaborado por investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), distintas culturas comenzaron a producir bebidas alcohólicas mediante un proceso de ensayo, error y observación. De ese modo surgieron tanto el vino como la cerveza, dos productos que acompañaron la evolución de las sociedades.
Uno de los primeros fermentados conocidos fue el hidromiel o vino de miel, producido en Asia durante el período védico, entre 1700 y 1100 a. C. Más tarde, el vino elaborado a partir de uvas de la especie Vitis vinifera —de la cual existen hoy más de 5000 variedades— ya era consumido en el Antiguo Egipto hacia el 2500 a. C. Registros históricos también indican que esta bebida se mencionaba en textos bíblicos y formaba parte del comercio del Oriente Medio desde al menos el 4000 a. C.
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La expansión del Imperio Romano fue clave para la difusión del cultivo de la vid y del consumo de vino en gran parte de Europa. Siglos después, con la llegada de los colonizadores, la viticultura se instaló en América: los misioneros españoles introdujeron la producción en Chile y Argentina a mediados del siglo XVI, y en Baja California en el siglo XVIII, sentando las bases de regiones vitivinícolas que hoy son emblemáticas.
La cerveza, por su parte, tiene un origen igualmente remoto. Historiadores sostienen que la fermentación se descubrió de forma accidental, cuando mezclas de cereales y agua eran dejadas reposar el tiempo suficiente para generar alcohol. Antes del 6000 a. C., ya se elaboraba cerveza en Sumeria y Babilonia, y relieves egipcios del 2400 a. C. muestran procesos primitivos de malteado y fermentación.
Durante la Edad Media, los monasterios europeos preservaron y perfeccionaron la elaboración de cerveza, incorporando el uso del lúpulo desde el siglo XI en Alemania. Esto favoreció el surgimiento de estilos tradicionales, como la lager, que apareció alrededor de 1420, y consolidó a Europa como uno de los grandes centros cerveceros del mundo.
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Pero, entre el vino y la cerveza, ¿cuál fue la primera bebida alcohólica? Según el sitio científico Live Science, la evidencia más antigua hallada hasta ahora corresponde a una bebida similar a la cerveza, descubierta en el yacimiento de Qiaotou, en el sureste de China. Restos de plantas, levaduras y mohos en vasijas de hace unos 9000 años indican la presencia de una fermentación a base de arroz, tubérculos y hongos.
Otros hallazgos refuerzan la idea de que la cerveza ya se producía en el Neolítico, cuando comenzaron a establecerse las primeras comunidades agrícolas. De acuerdo con estos datos, la cerveza sería, hasta el momento, la bebida alcohólica más antigua conocida de la historia humana, aunque muy distinta en sabor y aspecto a la que se consume hoy.
Fuente: National Geographic
Foto: Archivo


