Las alternativas sin alcohol o con menor graduación comienzan a ganar espacio en el mercado vitivinícola argentino. Aunque el segmento todavía es pequeño, las bodegas empiezan a incorporar nuevas etiquetas para responder a consumidores que buscan moderar la ingesta sin renunciar a la costumbre de compartir una copa. Un estudio encargado por el Fondo Vitivinícola Mendoza estimó que entre 4 y 4,4 millones de hogares del país muestran interés por este tipo de productos, una cifra que despierta expectativas comerciales y abre una discusión sobre la identidad del vino.
Entre las empresas que ya avanzaron en esta categoría se encuentra Nieto Senetiner, que comenzó con un espumante sin alcohol y luego sumó opciones de Chardonnay, Malbec Rosé y una combinación de Malbec-Pinot Noir. También Mil Demonios explora el segmento, mientras que Domaine Bousquet prepara el lanzamiento de Doble Cero hacia fines de año. Las bodegas identifican interés entre consumidores jóvenes y adultos que alternan productos tradicionales con alternativas de menor graduación, según la ocasión.
La propuesta apunta a ampliar los momentos de consumo, desde almuerzos laborales hasta reuniones durante la semana o situaciones en las que se prefiere evitar el alcohol. El relevamiento citado por el sector señala que el 56% de quienes incorporarían estas bebidas lo haría sin dejar de consumir las que ya elige. Sin embargo, entre quienes sí reemplazarían otro producto, el 46% dejaría de lado el vino tradicional, mientras que el 22% reduciría la cerveza regular y el 20% sustituiría las gaseosas. Estos datos alimentan el debate sobre si el nuevo segmento complementará al mercado existente o competirá con él.
MIRÁ TAMBIÉN: Los Fundamentalistas convocaron a 50.000 personas en Tucumán
Uno de los principales obstáculos está en la elaboración. Para producir estas bebidas, las bodegas parten de un vino convencional y luego retiran el alcohol mediante tecnologías que buscan preservar sus aromas y características. El procedimiento, que puede realizarse a baja temperatura y al vacío, presenta dificultades porque el alcohol contribuye al equilibrio sensorial del producto. Además, la desalcoholización suma costos y los resultados pueden variar según el estilo: los blancos y rosados suelen conservar características más cercanas a las de un vino tradicional que los tintos.
La expansión comercial no genera una postura uniforme dentro de la industria. José Zuccardi, referente de la vitivinicultura argentina, diferencia los vinos de baja graduación de los productos con alcohol completamente retirado. Considera viable elaborar vinos de entre 7 y 10 grados mediante técnicas como la cosecha anticipada o la fermentación parcial, pero sostiene que los productos 0% pierden atributos esenciales y pasan a ser otra clase de bebida. Aunque reconoció que existe un público dispuesto a consumirlos, afirmó que todavía no encontró opciones que lo convencieran por su calidad.
El crecimiento del mercado dependerá de la aceptación de los consumidores, de la evolución de las técnicas de elaboración y de la capacidad de las empresas para desarrollar productos atractivos. Mientras algunas bodegas consideran que estas alternativas permitirán llegar a nuevas ocasiones de consumo, otros referentes advierten que retirar el alcohol modifica las características que definen al vino. Con millones de hogares potencialmente interesados y nuevos lanzamientos en preparación, el sector empieza a explorar una oportunidad comercial que también plantea una pregunta de fondo: hasta qué punto puede transformarse el producto sin perder su identidad.
Fuente: Ámbito Financiero.


