El 22 de febrero de 2012, la formación 3772 del Chapa 16 del Ferrocarril Sarmiento se incrustó contra el andén de la estación Estación Once a las 8.33 de la mañana. Murieron 51 personas —una de ellas embarazada— y 789 resultaron heridas. Catorce años después, las secuelas persisten entre sobrevivientes y familiares, mientras el sistema ferroviario arrastra déficits estructurales y promesas incumplidas.
En noviembre de 2025, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó firme la condena a Julio De Vido a cuatro años de prisión e inhabilitación perpetua por administración fraudulenta en la causa “Once II”. De los 22 condenados, es el único que permanece en la cárcel; otros ya cumplieron sus penas o accedieron a beneficios. La sentencia entendió que, como autoridad de aplicación, conocía y toleró el uso indebido de fondos por parte de la concesionaria TBA.
MIRÁ TAMBIÉN | Murió un motociclista al caer de un médano en Villa Gesell
El recuerdo volvió a activarse el mismo día en que De Vido fue detenido: el Sarmiento descarriló a la altura de Liniers y dejó 19 heridos. Para los usuarios que a diario dependen del ramal —unos 250.000 en jornadas hábiles— la sensación de vulnerabilidad no desapareció. Sobrevivientes como Leonardo Sarmiento relataron durante años pesadillas recurrentes y miedo persistente a viajar en tren, una marca psicológica que la justicia no alcanza a reparar.
La gran promesa de seguridad, el soterramiento entre Caballito y Moreno, quedó trunca. Tras anuncios reiterados y el inicio de excavaciones con financiamiento atado al banco brasileño BNDES y a la participación de Odebrecht, la obra se paralizó en 2019. En 2025, el Gobierno y las empresas remanentes resolvieron cancelarla de forma definitiva. Según estimaciones publicadas, se pagaron certificaciones por unos 420 millones de dólares y el túnel solo avanzó entre Haedo y Villa Luro.
MIRÁ TAMBIÉN | UOM y gremios aliados planean un paro de 36 horas por la reforma laboral
Catorce años después, la discusión vuelve a un punto de partida incómodo: la responsabilidad penal avanzó, pero el ferrocarril no fue puesto a punto como se prometió. Sin soterramiento y con antecedentes recientes de incidentes, la tragedia de Once sigue siendo un espejo incómodo sobre la gestión del transporte público y la deuda pendiente con quienes lo utilizan cada día.
Fuente: Infobae.


